Nada más llegar a Nepal puedes apreciar que te vas a encontrar con un país auténtico como pocos quedan. Con sus costumbres bien arraigadas, sus religiones como filosofía de vida y el modo supervivencia de la gente Nepalí, este país anclado en el tiempo tiene un encanto especial que cautiva a cualquiera que venga a verlo.
Y todo esto solo con haber estado en Katmandu 6 días, pero son suficientes para sentir ese aire especial y distinto a otro países por los que he pasado, que quitando Mongolia, que también como os conté conserva la vida de los tiempo remotos.
Katmandú es una ciudad vibrante. El interior de la ciudad, lo que sería el casco antiguo, el barrio de Tamel es un laberinto de callejuelas con miles de puestos y con unos templos que nos esperas encontrar en cada vuelta de esquina. ¿Cómo podrán sobrevivir las tiendas de estos mercados callejeros cuando tienes 50 tiendas más que venden lo mismo que tú en la misma calle?
El nivel de vida se ve simple, como el resto de países asiáticos por los que hemos pasado, pero aquí la carga religiosa es mucho mayor, o por lo menos se hace notar más, que en el resto de países en los que he estado. La religión hinduista es muy metódica y rigurosa en cuanto a sus rituales y costumbres, por eso en cada esquina o incluso en un mismo árbol que ya se ha etiquetado como sagrado por algún motivo, te encuentras Nepalis haciendo alguna ofrenda o reverencias de veneración. Siempre con sus frentes marcadas con el punto rojo en el centro, para otorgar la sabiduría, retener la energía y mejorar la concentración. ASe llama Tika y se lo he visto al 95% de la población con la que me he cruzado.
Alrededor de Katmandúhaycun para de municipios muy interesantes, el de Patán y el de Baktupur. Los dos son sitios patrimonios de la humanidad por la UNESCO. Los templos entre las callejuelas medievales que te encuentras aquí son una maravilla, eso sí, tendrás que ir sorteando los servicios de los guías que copan el área y pagar un buen dinero por la entrada a ellos. Pero merece la pena sin duda.
Otro de los puntos que me gustó mucho en Katmandu fue Budhanat, una de las estupa más grandes del mundo y que atrae a miles de feligreses tanto budistas como hinduistas para venerar a sus deidades caminando alrededor de la misma.. la estupa conserva perfectamente el toque místico y religioso a pesar de que es un punto turístico muy serio. Los alrededores de la estupa, son tiendas de souvenirs, sitios de comida con terraza en el ático para ver mejor la estupa desde las alturas o negocios de cuadros. Aún así, todavía encuentras monjes realizando algún sacrificio físico, como por ejemplo, recorrer varias veces la estupa, siempre en el sentido de las agujas del reloj, arrastraándose por el suelo a modo de gusano.
Sin duda el momento más crudo de la visita a katmandu y en general en mi viaje, fue la visita al templo al templo olo de Pasaputinah, un lugar sagrado donde los nepalis queman a sus muertos en oirás y echan las cenizas al río Bagmati, afluente del sagradisimo río Ganges. Allí de una manera casi publica la familia llega con su difunto, lo prepara en una parte de las gradas que dan al río, lo envuelven en una tela naranja, le ponen varias ofrendas florales y le lavan los pies con agua del río. Después lo lleva a la parte de las piras, donde dejarán al difunto y tras el hijo mayor de la familia, tras recorrer tres veces el cuerpo, le prenderá fuego a dicha plra. El momento es tan desgarrador como natural en su cultura. El contrapunto, difícil de entender para una mente occidental, es que al caer la tarde, y en la grada de enfrenté del río, a unos 20 metros de las piras funerarias, unos sacerdotes o santeros, realizarán un ritual de celebración de la vida al que acuden cientos de lugareños. En dicho ritual, la música, las palmas, las ofrendas y los movimientos casi coreográficos de los santeros, sujetando candelabros de fuego, son la señal de que la vida y la muerte se unen en una linea invisible para nuestras culturas más occidentales.
Y por último, uno de los alicientes más divertidos fue la visita a un colegio de Katmandu. Gracias a Pedro el jardinero del Colegio Miramadrid pude conocer como es un colegio Nepalí por dentro, incluso estar en una clase con 20 alumnos ya que su profesor no había venido, vamos que hice una guardia. pedro conoce a esta gente por sus colaboraciones con una organización que se llama Creative Nepal, que ayuda a las niños y niñas huérfanas y de bajos recursos a su escolarización. Allí me recibió Netra, el directo del colegio y cofundador de esta asociación. Fue un día para el recuerdo.
Así que como podéis ver, los días en Katmandu han sido muy intensos y desde luego una experiencia maravillosa.