Había llegado a Nelson, en un viaje tranquilo y sin contratiempos desde Kaikoura. Nelson es una pequeña ciudad al norte de la isla sur, puerta de entrada al PN Abel Tasman. Allí me alojé la noche previa a mis tres días en Marahau, que es el pueblo en la entrada del PN, y otra noche a la vuelta para reorganizar todo y coger el bus y ferry al día siguiente para Wellington y saltar ya a la isla norte del país. El Nelson me compré las viandas necesarias para pasar mis tres días en un hostel retirado de la civilizacion, ya sabéis, noodles, aguacates, desayuno, chocolate, atún y recompensas de perro. Viandas ya habituales en las excursiones de Puertiman.
Para llegar a Marahau hay que coger un pequeño bus, más familiar, que te lleva a los pueblos del PN. El mío era Marahau. Allí un bonito y acogedor hostel me estaba esperando. Un hostel que tenía como aliciente muy especial y único un auténtico cine dentro de una especie de angar. Pero un cine con sus tres files de butacas y una pared blanca bien grande donde proyectar las pelis. Nunca había visto cosa igualcen un hostel Pero lo mejor de este lugar no eran sus instalaciones, sino la mujer que lo llevaba. Una octogenaria que se movía a las mil maravillas por las dependencias del recinto y que hacía los trabajos de limpieza, encender la chimenea cuando tocaba, organizar los check in y check out, vamos la puta ama del lugar. Y super amable y risueña. Un lujo.
Por muchas fotos o lecturas que haces de un lugar, hasta que no lo ves con tus propios ojos y lo recorres en tus propias piernas no sabes la sensaciones que te va a transmitir. El PN Abel Tasman es un imperdible que toda persona que venga a Nueva Zelanda debe visitar. Pero como digo, hasta que no lo vivas tú mismo no sabrás de lo que hablo.
El parque es una basta extensión de terreno montañoso, pero no de picos nevados sino más bien monte lleno de vegetación primaria, cuyas pies caen directamente al mar, formándose preciosos acantilados y lo mejor, paradisíacas playas con un agua cristalina y un color azul que sólo de verlas te entran unas ganas inevitables de querer bañarte.
El Parque tiene un sendero principal que lo recorres de norte a sur y que patearlo entero mplica unos tres días durmiendo en los refugios ubicados a lo largo del camino. En mi caso, mi alojaba en un hostel y lo que hice los dos días es recorrer parte de ese largo treking. El primer día me centre en las playas del primer tercio del camino y el segundo cogí un wáter taxi que me dejó a 30 km del inicio del treking y bajé andando todo el camino centrándome en unas cascadas bonitas y en las Cleopatra pool, unas piscinas de agua helada con color esmeralda y que las agencias usan para hacer desde so de cañones. Sitio precioso.
El primer día, el tiempo fue genial y me permitió bañarme en las paradisíacas playas del parque y disfrutar del día con mis viandas. Al final creo que cayeron, una vez más, los 25km.
El segundo dia, hizo un poco más de aire aunque estaba soleado y eso hizo que la mar ya no estuvieran como un plato sino que pequeñas olas rompían la armonía de una playa paradisíaca con sus aguas calmadas.
Hay que tener en cuenta que un sitio como estos, para disfrutarlo a tope, es necesario que por lo menos haga un día soleado, y si no hay aire mucho mejor. Pero si te toca el día oscuro, con mibes, incluso algo de lluvia, el Parque no va a parecer tan especial. Hay que buscar los días de sol!
Por ejemplo, mi último día allí fue así, estuvo lloviendo todo el día, y además de cancelar toda actividad acústica, el kayak es el rey allí, no puedes sacar partido a los maravillosos colores del agua como cuando el día está soleado. Así que aproveché el día para actualizar está página web y hacer algún contacto en el hostel.
Como me quedé con las ganas de kayak, ¡Tengo que volver algún día a Abel Tasman!