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Crónica
El día se preveía largo. Salía del hostel de UB a las 10am y llegaría al hostel de Beijing sobre las 9 am de dos días después. Sí, dos días después. Siempre se puede ir mucho más rápido por el aire, pero quería hacer el recorrido en tren. Lo primero, tren nocturno desde UB con salida a las 20:20 a Erlian, que es el primer pueblo de China tras atravesar la frontera por el sur de Mongolia. Tren de estos míticos, que está formado por compartimentos de cuatro literas con mesa en centro y donde compa...
El día se preveía largo. Salía del hostel de UB a las 10am y llegaría al hostel de Beijing sobre las 9 am de dos días después. Sí, dos días después. Siempre se puede ir mucho más rápido por el aire, pero quería hacer el recorrido en tren.
Lo primero, tren nocturno desde UB con salida a las 20:20 a Erlian, que es el primer pueblo de China tras atravesar la frontera por el sur de Mongolia. Tren de estos míticos, que está formado por compartimentos de cuatro literas con mesa en centro y donde compartes tu comida y demás con el resto de los vecinos. Un pasillo exterior recorre todo el vagón hasta el siguiente. A mí me tocaron dos jóvenes chicas mongolas que se pasaron el viaje untándose crema y creándose una máscara artificial que me recordó a las que ponían a Aníbal Lecter en la clásica peli de Judi Foster. Poca conversación tuve con las chicas más que un ofrecimiento de comida que nos hicimos mutuamente. Después de pasar toda la noche y despertar con el amanecer pide comprobar lo vasto de la estepa y el no ver vida en muchos kilómetros. Sobre las 10:00 del día siguiente hay que bajarse del tren y pasar por inmigración. Si me hubiera afeitado y mi cara se pareciera a la del pasaporte mejor, porque el agente de turno no tenía muy claro que yo fuera el mismo que el del pasaporte que portaba. Finalmente, y tras unos cinco chequeos de ambos perfiles, el agente dio por confirmado que yo era quien decía ser. Adelante.
Una vez en China, te quedas esperando unas tres horas a que todo el tren realice este proceso por loque tendrías tiempo para dar una vuelta, aunque en Erlian, poco hay que hacer. Quizá comprar una Sim card para el móvil y tener datos para el resto del viaje por china que tan necesario es.
Una vez en marcha en el mismo tren, te relacionas con los vecinos de otros compartimentos. Allí coincide con viajeros de otras nacionalidades como alemanes, italianos y holandeses. Fue con un alemán con el que más trato tuve y de hecho fue mi compañero dura te todo el día y parte del siguiente. Se llamaba Gorg, tendría algunos años más que yo y estaba de viaje por unos tres meses por diferentes puntos del planeta.
La idea original era ir de UB a Hohhot, donde terminaba el tren y coger allí otro que me llevará a Beijing. Pero tras hablar con Gorg, me dijo que no era necesario ir hasta allí, podríamos bajarnos una parada antes, dos horas de distancia, y allí coger un tren a Beijing. La idea me gustó porque finalmente ahorrabas 4 horas ya que el tren de Hohhot pasaba de nuevo por esta ciudad asique todo tenía sentido.
Nos bajamos en Jining y allí teníamos tiempo hasta el tren que nos llevaría a Beijing. Gorg ya había comprado el billete en Erlian y yo tenía que comprar el mío. Además me dio tiempo a dar un rulo por la ciudad y cenar algo, eran las 20:00 y hasta las 23:15 no salía nuestro tren que tardaría unas 7 horas en llegar al destino. Decidí comprar un billete sin cama, y claro, la consecuencia fue sería. Al entrar en el vagón, de asientos normales y no compartimentos con literas, vi gente tirada por el suelo intentando coger alguna postura para dormir. Los asientos estaban ocupados por gente tumbada durmiendo y cuando llegué a mi asiento, vi a una niña con su madre tumbadas y durmiendo, como las iba a levantar…. Decidí sentarme en los contiguos que estaban vacíos y tuve la mala suerte que enfrente se sentó un tipo que empezó a comer pipas como si no hubiera un mañana, y lo peor de todo, a ver el móvil a todo volumen sin cascos, práctica habitual aquí en éstas tierras poco respetuosas con el de al lado. El tipo iba pasando videos de YouTube a cual más escandaloso y yo intentando coger postura para dormir. Era imposible. Durante un duermevela, esos momentos que parece que duermes pero no, me imaginé cogiendo el móvil y estampándolo en el suelo para luego recogerlo y entregárselo cuidadosamente hecho trizas. Me desperté de ese duermevela y el móvil seguía en su sitio, emitiendo ruido sin cesar.
Después de un par de horas de desesperación, el tipo para mí suerte se fue y me quedé solo en esa fila de dos asientos en frente, así que podía coger alguna postura que me permitiera dormir algo. Miré a Gorg y el se encontraba en situación similar. Hecho una zeta,.acurrucado como pudo intento dormir unas horas.
A las 7 llegamos a Beijing con cara de sueño y arrepintiéndonos de no haber cogido coche cama por unos míseros euros. Al llegar vimos lo inmenso que era todo aquello. La estación tenía un tamaño desproporcionado y los hall de acceso era enormes, como si supieran que fuera a haber un aumento importante de la población para los próximos 15 años.
Los días en Beijing fueron divertidos, como muchísima gente en los puntos más impresionantes, pero divertidos. El movimiento por la ciudad con metro y bicis es muy sencillo y super barato. Aquí el dinero físico casi ni se usa, no he tenido que sacar dinero de ningún cajero porque todo se paga a través de internet con diferentes aplicaciones que te permiten comprar casi cualquier cosa en cualquier sitio. Hasta los mercados callejeros más humildes tienen su QR que al escanearlo con alipay o WeChat, que son las dos apps más útiles aquí, te permiten pagar tu compra. Eso sí, tienes que tener datos en tu móvil, sino estás perdido.
El primer día lo dediqué a la ciudad prohibida que tantas veces había oído en la telévision o en películas. Es cierto que al haber tantas personas, el encanto de un sitio pierde su valor pero luego te retiras de los puntos más frecuentes y puedes disfrutar un poco de la tranquilad de ese sitio y admirar su valor. Mi audioguía, la IA de Google, me fue contento los pormenores de cuando se hizo, quién y para qué y estuve entretenido las dos o tres horas que estuve recorriendo la ciudad, y me dejé cosas sin ver porque es enorme. Como vivían los emperadores.
Llegó el momento clave de la visita a Beijing, la gran muralla China. Había elegido la parte de Mutianyu porque es un poco menos turística y por lo bien conservada que se encuentra. Y así fue, después de un par de horas en un par de buses públicos llegué al centro de visitantes. Me ha esperaba un sartenazo en la entrada pero solo si cogías el teleférico para acceder a lo alto de la muralla, el precio de incrementaba. Yo preferí subir andando y me costó 60 yuanes, es decir, no llega a 8€. El día además estaba despejado y con buena temperatura, ideal para recorrer unos cuantos kilómetros de la muralla.
Me aseguré de llegar pronto y eso me dio un rato de tranquilidad y de poder tirar alguna foto en solitario. Es verdad que en ningún momento, quitando la zona donde te deja el teleférico, que la muralla estaba muy pasable sin agobios. Y a la tarde, a partir de las 4pm, mucho más.
Estaba emoción a lo largo de la subida a la muralla y una vez que llegas arriba, la pisas y ves la masiva construcción a lo largo de la montaña, allá donde se pierde de vista, te das cuenta de la grandeza y magnitud de aquella construcción. Apasionante imaginar cómo se construyó y ver cómo ha ido perdurando a lo largo de los siglos.
El resto de días en Beijing los pasé en la ciudad, recorriendo mercadillos y parques. Además visite el complejo olímpico y la verdad es que lo disfruté todo mucho.
Me encantó Beijing.