La entrada en Indonesia no ha podido ser más bonita y excitante. Bukit Lawang es de esos sitios que se quedan grabados en la retina y en el alma del viajero porque es un sitio especial con un aura de naturaleza y pueblo antiguo en la ribera del río Bohorok, que hace que te quedes embelesado incluso cautivado con su gente, paisajes y animales salvajes.
El objetivo de venir hasta aquí, que no es fácil o mejor dicho cómodo, es el de ver Orangutanes. Estos animales tan especiales, con los que compartimos el 96-97% de nuestro ADN (que se dice muy rápido pero que si lo piensas somos nosotros), sólo se pueden ver en Sumatra y en Borneo. Tenemos la suerte de haberlos visto en los dos sitios pero tengo que reconocer que el mejor es este, o por lo menos, donde yo los he disfrutado más.
Me alojé en el Jhony ghest house durante cuatro noches a dos euros la noche. Precio irrisorio que tiene puesto el amigo Jhony para atraer a gente y que luego hagas el treking de la selva con él, como así fue. Buena estrategia Jhony, se parece mucho a la de los Hoteles-Casino de las Vegas, te ponen precio muy asequibles para que te dejes la pasta en el propio casino del hotel.
Así que después de negociar un primer precio que era desorbitado, convenimos uno bueno para las dos partes y al día siguiente haría el treking de dos días y una noche. Dormir en el campamento me hacía ilusión ya que podría ver animales en la primera hora de la mañana que es cuando más actividad hay, como así fue.
En el ghest house de Jhony estaba Lorie, una chica de 27 años, de las islas Martinica (islas Reunión) que vivía en Australia, trabaja como muchas otras con su vida working holiday, y que después de haber ahorrado un dinero, estaba dándose un rulo por el sudeste asiático, para volver a Australia y seguir con su vida. Tobi y Michel serían los guías de la expedición que nos llevaría por el interior de la selva dura te dos días.
Cuando hablamos del interior de la selva, no os penséis que se adentra en el mismísimo corazón de la selva. Es un poco circo y realmente no te metes más de tres o cuatro kilómetros adentro y siempre con la seguridad de un camino casi marcado que conoce perfectamente el guía. Eso sí, gracias a ellos, puedes identificar especies de plantas y animales que si fueras solo no verías. Fue el caso de una serpiente, dos tucanes, una tortuga de tierra (tortoise), hormigas gigantes hembras o machos, gibons, macacos, termitas, plantas para aliviar la picadura de mosquitos y por supuesto Orangutanes.
El primero que vimos fue una madre con su bebé despertando desde lo alto de su nido. Los Orangutanes fabrican los nidos a buena altura para.evitar depredadores, en este caso, el tigre, porque pocos más le pueden hacer daño al orangután, que es un buen bicho con una fuerza de 5 a 7 veces la de un ser humano.
Este primer punto estaba un poco más congestionado de gente porque está relativamente cerca de la entrada a la selva y las excursiones de un solo día van por allí. Así que , en silencio y respeta do, algunos, las distancias a tener con los animales disfrutamos de cómo esta mamá recogía comida para su bebé mientras alardeaba con sus largos brazos los saltos de árbol en árbol. De vez en cuando, se paraba, observaba a todas esas caras de rostro pálido que estaban en el suelo con sus cámaras y móviles en mano y hacia alguna filigrana para que la inmortalizáramos en una imagen para la posteridad.
Después de ahí, seguimos selva arriba, en un sube y baja continuo, atravesando otras zonas donde Tobi y los demás guías saben que habita alguna especie. Michel llevaba la comida y nos preparó en uno de los descansos un bonito surtido de frutas de la zona, a saber, sandia, piña, maracuyá, fruta de la serpiente (por su piel) y la fruta del dragón (por su color purpura). Delicioso.
Y finalmente llegas al campamento, ubicado al lado del río y donde habitualmente llegan diferentes tipos de monos y otros animales, como el gran lizard (una especie de animal que está entre el dragón de comido y una lagarto). Además, allí teníamos otro orangután juvenil que saltaba de árbol en árbol jugueteando y comiendo. Los orangutanes se liberan de sus madres unos 7-8 años después de haber estado con ella aprendiendo a sobrevivir en la selva. A partir de esa edad, vuelan solos.
En el campamento, dormíamos en una especie de cabaña en cuyo interior había dos colchonetas con su correspondiente mosquitera separadas por una especie de biombo para darle un poco de intimidad a cada viajero. Yo dormí aquel día como en un hotel de 5 estrellas a pesar de no ducharme y tener las comodidades propias de esa calidad, pero quien las necesita cuando en la puerta de tu habitación tienes ora guta es, otras especies de animales y fantástico rio donde te puedes bañar y jugar con los rápidos.
La noche fue muy entretenida y después de una cena bajo la lluvia pero en el interior de la cabaña que hacía las veces de cocina y donde más personal del treking nos preparaba una cena de auténtico lujo, estuvimos echando varias horas de partidas de cartas a lo que vendría ser el UNO indoneso. Tobi, se mostraba ganador y se notaba que tenía buen vicio con las cartas y también con el tabaco y las Bintang, cerveza indonesa.
En el amanecer, sobre las 6.30am nada mas salir de la cabaña, en uno de los arboles, se encontraba otro orangután despertándose y preparándose su desayuno a base de frutos de otros árboles hojas y la propia agua que llevan las ramas y troncos de algunos de los arboles de la selva. Un espectáculo ver desde tan cerca a estos animales.
Y el broche del día, lo pusimos al mediodía, cuando dejamos el campamento y descendimos el rio Bohorok a bordo de unos neumáticos. El cocinero y Tobi eran los capitanes, Michel el ayudante, y nuestra amiga Lorie y yo los pasajeros principales portando una bonita corona de hojas que el cocinero nos había regalado. El descenso fue muy divertido y lamentablemente cortó, me hubiera quedado descendiendo más tiempo pero con los 20 minutos o así se trayecto sobre el río fue suficiente.
Todavía me quedaban dos días para disfrutar de Bukit Lawang porque puedes ir por tu cuenta a otras zonas, incluso a otro de los ríos y a la cueva de los murciélagos, donde me metí por la tarde del día siguiente y donde una serpiente, que posteriormente me dijeron que era bastante peligrosa, me echaba el alto en la segunda cámara de esta misteriosa cueva, profunda y habitada por miles de murciélagos y otras criaturas de la oscuridad.
Total, Bukit Lawang me ha encantado y es un sitio súper recomendado para pasar unos días en la naturaleza y rodeado de un pueblo amable y sonriente.