Después de haber visto tantos templos y cascadas, lo que más me ha impresionado y destacó de Chiang Mai son las peleas de Muay Thai, que también puedes ver en Bangkok y Chiang Rai.
La velada iba a constar de 7 combates que iban en crescendo de edad y categoría. Solo entrar en el Boxing Stadium y ver el ambiente de las peleas con un ring a escasos metros te pone los pelos de punta. Por allí te puedes encontrar a los paisanos de turno que van a jugar con los turistas apostando dinero por un luchador u otro. Como en las películas vamos.
El primer combate fue sobrecogedor, no por la violencia que hubiera sino por ver a dos mocosos de 14-15 años dándose buenas galletas. Hay todo un ritual antes de empezar cada combate. Los luchadores, a parte de hacer sus estiramientos pertinentes, caminan alrededor del ring, parándose en cada esquina e invocando a todos los dioses que conozca, en este caso igual invocan a los budas que conozcan, para que le den suerte y fuerza en el combate.
Una vez vuelto a su esquina, últimas indicaciones del mister y al centro. Aquí vale todo menos los goles bajos que no están permitidos, pero puedes lanzar puños, patadas, codazos, etc.
Al principio, los dos criotes estaban muy temerosos uno del otro, pero en cuanto reciben la primera galleta, se activa el modo destructor, y se lanzan a por su rival. Creo que no se llegó al final de los posibles 5 asaltos y unos de los dos le metió buenos meneos a su contrario dejándole en el suelo. No es que fuera un KO que dejará inconsciente al rival, simplemente no se quiso levantar ya más del suelo porque estaba dolorido y atolondrado por lo que había recibido y sabía que le esperaba más de lo mismo si se levantaba.
Abrazos entre los rivales, mucha deportividad, cuidado del rival y vítores para el vencedor.
Así se fueron sucediendo los demás combates entre cervezas, gritos de los turistas que habrían apostado por un luchador, y una música curiosa de fondo, parecida a la de los encantadores de serpientes árabes, que suena mientras se dan de leches los luchadores y que va creciendo en ritmo y volumen a medida que se intensifica el combate. Muy curioso.
El último combate era el de los mayores y algo más profesionales que el resto de combatientes. Aún así, no estamos en super liga de Muay Thai, y el nivel no es el más alto, pero lo suficiente para ver buenas galletas y algún que otro KO espectacular.
Estos dos últimos luchadores no tendrían más de 20-23 años, y de la misma manera que el resto, al principio están modositos pero en un momento dado, patadas voladoras, rodillazo a la cabeza y demás lindezas dedicadas con todo el cariño a su oponente. Son duros de pelar, allí recibieron los dos por igual buena manta de golpes pero el sonido de la campana se iba sucediendo a lo largo de los asaltos. Ninguno pudo con el otro en un KO, así que fueron los jueces quien tomaron la decision. Aquí los puntos se basan en el daño que cada gole pueda hacer al rival, también se valora la técnica original y por supuesto si tiran al suelo al rival. Por ejemplo, un rodillazo a las costillas, vale más puntos que un simple y clásico puñetazo a la cabeza. También es curioso ver a auténticos enanos de 8-10 años tratar a los luchadores en cada rincón del ring cuando suena la campana. Les masajean muslos, les tiran agua por la cabeza y les soloviantan para que siga dando buenos mamporros a su rival.
Toda una filosofía de vida alrededor de este deporte.
Por lo demás, hay que destacar que Chiang Mai es un bonito pueblo, con un par de templos muy interesantes dentro de la ciudad amurallada, con un bonito río que la cruza y con algunas excursiones interesantes por sus alrededores.
Es el caso de Doi Sutep, una zona montañosa a unos 50 min en furgoneta que te sube a un templo muy sagrado para los tailandeses y desde el que puedes tener vistas espectaculares de la ciudad. Cerca de dicho templo hay algunos treking decentes que te llevan a alguna cascada solitaria.
La otra excursión que hice fue con la moto que alquilé por 5 días y con la que posteriormente me iría a recorrer el Mae Hong Son loop. En esa excursión cerca de Chiang Mai puedes hacer un mini loop y recorrer alguna cueva muy interesante como Mae cave o visitar alguna de las muchas cascadas que encuentras por el camino.
Mención especial a la cueva a la que llegué ya un poco tarde y donde me dieron un casco y una linterna y venga, pa dentro. La cueva es espectacular, profunda y con unas bóvedas bien altas donde habitan cientos de murciélagos. Da un poco de escalofrío adentrarse en la cueva solo, sin ningún guia ni gente que te permita ver el camino y ver que unos pequeños focos son el único medio para no quedar perdido en medio de la total oscuridad. Había momentos que cuando apagabas la linterna del casco estabas totalmente a oscuras. Sensación cuanto menos excitante.
Creo que Chiang Mai es de visita obligada, no solo por la propia ciudad , sino por los alrededores auténticos que tiene en los que la naturaleza y las pequeñas y humildes aldeas por las que pasas te permite apreciar como es realmente Tailandia.