Mapa de la zona
Crónica
Dicen las lecturas en Internet que la Montaña Amarilla, es decir, la montaña Huangshan, tiene más de 60.000 peldaños de piedra repartidos en cientos de escaleras que te llevan de arriba a abajo a través de la montaña. Yo no me hice los 60.000 peldaños, pero en los últimos 7 días había pasado por la montaña Tianmen, con sus 1000 peldaños hasta la cueva del mismo nombre, luego los cuatro días de Zhangjiajie, en los que subí y bajé por las escaleras desde el mismo nivel 0 de la momtaña, hasta lo má...
Dicen las lecturas en Internet que la Montaña Amarilla, es decir, la montaña Huangshan, tiene más de 60.000 peldaños de piedra repartidos en cientos de escaleras que te llevan de arriba a abajo a través de la montaña.
Yo no me hice los 60.000 peldaños, pero en los últimos 7 días había pasado por la montaña Tianmen, con sus 1000 peldaños hasta la cueva del mismo nombre, luego los cuatro días de Zhangjiajie, en los que subí y bajé por las escaleras desde el mismo nivel 0 de la momtaña, hasta lo más alto por diferentes caminos, y ahora dos días en la montaña amarilla con otra infinidad de escaleras. Si no me he hecho más de 20.000 peldaños no me he hecho ninguno. Tengo los gemelos de Thor, y las rodillas de Ironman.
Y unos cuantos kilos menos.
Si, estos últimos días estoy pasando bastante tiempo en la montaña, pero me gusta caminar por ellas, con buen tiempo y con mal tiempo. Me conectan con la naturaleza y siempre me transmiten calma, además de que el ejercicio y sobre todo el esfuerzo, me hacen sentir bien.
Las montañas de China tiene varios hándicap ademas del propio esfuerzo de la montaña en si. Lo primero es que la mayoría tienen treking basados en escaleras que te llevan a la misma cima. Eso implica un esfuerzo tremendo porque el camino va directo hacia arriba, no se andan con tonterías. Hablamos de pendientes de 70° o más. Luego, el hecho que sean escaleras, implica que tienes que ir mirando el suelo para ver por dónde pisas.Y por último, tienes que tener cuidado de la muchedumbre si ese treking es muy popular, ya que a pesar de que los chinos tienen teleféricos y ascensores en la propia montaña, luego los treking de la parte superior se los hacen y claro, están saturados por miles de personas.
Llegué a Tangkou, pueblo a los pies de la montaña amarilla y lugar de mi hostel, gracias a un bus turístico que sale de la propia estación de tren de Huangshanbei. En 45 minutos estás allí y luego cojí un taxi compartido con otros chavales chinos que también iban para allá.
En el hostel no estaba el dueño y me atendió uno de sus inquilinos que debe llevar allí más tiempo que el propio dueño, Lorenz, de Malasia. Empezamos a hablar en ingles como si nos conociéramos de toda la vida, era un tío entrañable y rápidamente llamó desde su teléfono al dueño, que habría salido a cualquier recado y había dejado la recepción del hostel a la deriva, para que el barbas, o sea yo, se alojaría en la misma habitación compartida en la que estaba él.
Le dije a Lorenzo que iba a la montaña a explorar el primer día y que ya el segundo haría un treking gordo. «Me voy contigo», dijo. Era un tío de 60 años que se le veía en buena forma física y que llevaba por china más de tres meses. Yo pensé, ¿este hombre me va a seguir el ritmo? que yo meto el turbo y me quedo solo siboendo… Pues nada, coge tus cosas que nos vamos.
Compramos en la calle unos plátanos y algunas otras viandas para el camino en la montaña y fuimos a la parada de bus donde un transporte te lleva a la base para que puedas coger un teleférico. Como eran ya las 13:00 no era plan de subir andando porque se haría muy tarde y no daría tiempo a ver nada arriba, así que cogimos el cubilete bailarín que nos llevó a lo alto, a unos 1500 metros.
Durante todo el camino Lorenz no dejaba de hablar, un parlanchín de la leche. Y yo intentaba meter baza y él seguía con su discurso.
Al llegar arriba, la muchedumbre me sobrecogió una vez más, y la frase lapidatoria de mi compañero todavía hizo que el peso de la mochila fuera mayor. «Te lo dije. Te dije que era muy tarde para venir». Total, ya me había dejado el dinero en el teleférico (95¥, unos 12€) así que hay que aprovechar, y empecé a subir escaleras para hacer un recorrido de reconocimiento. A medida que iba avanzando, a pesar de las colas simplemente para subir escaleras, veía como Lorenz se iba quedando. A los 10 minutos ni rastro de él, y aunque estuve esperándole nunca volví a encontrarle. Yo creo que se dió media vuelta al ver a tanta gente y al ver que el barbas parecía que tenía un cohete en el culo. Claro, tenía que dejar a la muchednre atrás y quería ir rápido hasta encontrar un camino tranquilo, que realmente no encontraría ya en todo el día.
La gente que había en la montaña era desesperante. Todos tenemos derecho a subir, eso está claro, pero en este país o se regula de algunaamera o algo tan agradable como ir a la naturaleza, se convierte en un estrés y hastío. Horrible los miles de chinos que encontré pormcads escñaera y en cada cima de los muchos picos que tiene laomtaña amarilla.
Para inflar un poco la.esperanza en el cambio generacional de los chinos y sus modales, encontré a un jovenzuelo, que tras un momento de confusión en el que no sabía si iba por el camino correcto, me echo una mano con un mapa para aclarar mi trayectoria. A donde yo quería ir me comentó que era un poco tarde y que habría mucha gente, que era mejor que cambiara la ruta y mañana hiciera ese treking que tenía en mente. Y así hice, le comenté que iría a otra zona de la montaña y el chaval me dijo, «Ok, yo también voy para allá, vamos juntos!». Y así hicimos, durante el resto del día, tuve de compañía a un chaval chino, Ketin, con el que compartí unas cuentas miles de escaleras por un camino que está vez no llevaba casi nadie.
A las 17.30h estábamos cogiendo el bus de vuelta desde la base de la montaña. nos habíamos bajado a pie los 1500 metros de altura que separan la cima de la base del teleférico a través de un serpenteante camino formado básicamente por miles de escaleras.
Ni rastro de Lorenz.
Al día siguiente, me desperté muy pronto, 5.30am, para que no me volviera a pasar lo mismo. Está veZ estaba en lo alto de la montaña a las 7am. Siiuuuu, a ver si ahora me encuentro muchedumbre!
No estaba no el maestro Shifu de Kung fu panda.
Con esa tranquilidad de estar solo en la montaña, con un día que se presumía soleado y que así fue finalmente durante todo el día, con la mochila cargada de viandas y con la ilusión de recorrer el mítico treking West Grand Canyon, inicié mi camino a través de una ruta entre acantilados, vistas increíbles y sensaciones místicas que ya forman parte de mis recuerdos para siempre.
El camino, más allá de ser muy exigente, es una verdadera maravilla no apto para aquellas personas con vértigo, pues durante todo el trayecto vas al filo de los acantilados a través de pasarelas y escaleras que no imagino como han podido construir en esas condiciones. Las vistas son impresionante y la magia del lugar te sobrecoge.
Pasé un día especial porque después de haber intentado hacer lo mismo en Zhanjiajie, y tener durante cuatro días un tiempo incompatible con las buenas vistas, aquel día estuvo despejado y pide disfrutar del recorrido con plenitud.
Ese día también bajé la montaña a pie, así que al final de la jornada tenía miles de escaleras en mis gemelos y rodillas y así me lo hizo saber el cuerpo con amagos de calambres y super agujetas.
Ni rastro de Loren que aquel día que me recibió, me dijo que se vendría conmigo en el treking gordo, y a las 5.30am cuando me desperté aquella mañana, allí no se levantó nadie más.