Mapa de la zona
Crónica
La Hawai de Corea llaman a esta isla. Y es que, entre la frondosidad, las playas de area blanca y agua cristalina y los dos cráteres que tiene, se podráa decir que estamos ante una pequeña Hawai, salvando las distancias, por supuesto. El caso es que tenía muy buena publicidad y tenía que ir a confirmar si la isla era tan bonita como la pintaban desde la península de Corea y de la que tan orgullosos están. Efectivamente, pueden estarlo, la isla está muy bien. Para complicarme la vida un poquito m...
La Hawai de Corea llaman a esta isla. Y es que, entre la frondosidad, las playas de area blanca y agua cristalina y los dos cráteres que tiene, se podráa decir que estamos ante una pequeña Hawai, salvando las distancias, por supuesto.
El caso es que tenía muy buena publicidad y tenía que ir a confirmar si la isla era tan bonita como la pintaban desde la península de Corea y de la que tan orgullosos están. Efectivamente, pueden estarlo, la isla está muy bien.
Para complicarme la vida un poquito más, en vez de llegar en avión como el resto de los mortales, me propuse llegar en barco, por eso del romanticismo de la navegación. Llegar en barco, haciendo noche a bordo, era una experiencia que me llamaba la atención, pero que me iba a resultar más incómodo, mucho más lento, y tampoco mucho más barato.
De momento, y dadas todas las condiciones que he mencionado antes, la gente coge el avión que llega en una hora desde Busan, por ello, las compañias marítimas ya no fletan barcos desde Busan a Jeju, no les sale a cuenta, solo una pequeña empresa que vive del transporte de mercancías y turismo con vehículos tiene una flota de barcos, pero no en Busan, sino en un puerto perdido de la mano de dios a 2 horas y media del mismo Busán. El puerto es Samcheanpo y la empresa, Ocean Vista Jeju.
Como no tenía claro la compra de billetes porque las páginas están en Coreano y la traducción no funciona correctamente, desde mi punto de salida que era Gyeongju, cogí un bus a Busan, de allí el metro a la Terminal de Seobus (Sasang) y desde allí, otro bus a la ciudad de Samcheanpo, luego unos 25 minutos con la mochila hasta la terminal del Ferry, o taxi en su defecto.
Llegué sobre las 14.30 y la terminal estaba como en las películas apocalípitcas, todo vacío, silencio y medio oscuro. Me acerqué al mostrador, no había ni rasto de gente, y pasados un par de minutos salió de un puerta una chica que me hizo gestos de «Qué diablos haces aquí a estas horas si el barco sale a las 23.30h?», Le conté en inglés que quería sacar un billete de barco para Jeju y con mucha amabilidad la chica se metió en la taquilla de venta de billetes y me hizo todo el trámite. Ya tenía billete. La misma chica me dijo que podía dejar el mochilón allí, así que me dio la vida. Ahora, a hacer tiempo hasta las 22h que era el check-in.
Estuve viendo que cerca había una playita, así que sin el peso del mochilón, se puede caminar a cualquier sitio. Vamos a esa playa a darnos un chapuzón. Caminé bordenando una pequeña colina que tenía un camino muy agradable con vistas al puerto marítimo y llegué a otro mini puerto de pescadores con un montón de pequeñas embarcaciones. Al otro lado de este puerto estaba la playa.
Allí un grupo, regiemiento del ejercito de Corea estaban bañándose y jugando como si fueran niños de 15 años. No se les veía con mucha práctica de «mientras unos se bañan otros vigilan», o algo así por si el enemigo nos sorprende… jaja menudos fieras.
Como no había nada abierto, para comer quiero decir, y eso que eran las 15h, me metí en la única tienda de conveniencia que había, emart24, similar a 7 eleven o Gs25 que son las que funcionan en Corea. El regimiento, que también estaba por allí, había esquilmado las viandas de la tienda, pero por suerte todavía quedaba un platillo de los que suelo coger en estos sitios, una bandeja que contiene por compartimentos, arroz, pollo, salchichas y alguna verdura.
Pasé la tarde por allí sin bañarme porque el agua no estaba todo lo limpia que hubiera querido, así que solo me mojé un poco los pies e hice tiempo hasta las 19h que salí de vuelta hacía el terminal. Allí me tocaría esperar junto con las decenas de camioneros que estaban llegando para coger su boleto y embarcar su camión con la mercancía correspondiente a la isla de Jeju.
No lo he dicho antes, mi billete consisitía en una habitación comunitaria con 20 personas más, lo mas barato que había, unos 30 euros al cambio. Dicha habitación cosistía en uns amplia sala donde cogían 20 personas con una pequeña manta en el suelo y una especie de ladrillo de almohada, eso es todo amigos. Noche toledada, compartiendo rugidos con osos y leones en la jaula para 20 personas. No digo más.
Una vez en la isla, me di cuenta que los traslados entre zona y zona me iban a llevar un tiempo. La isla, a pesar de no ser muy grande, tiene sus distancias, y los buses hacen parada cada poco espacio, por lo que el trayecto se hace interminable. A lo mejor 15km tardaba en cubrirlo 1 hora. Pero bueno, era eso o alquilar un coche o moto que también hubiera sido una opción.
El primer día en la isla lo dediqué a las cascadas cerca de la ciudad de Seawipo, que es donde teníaa el hostel, el peor hasta el momento por cierto. Me llevó toda la mañana recorrer la zona porque una está un poquito retirada de la otra. Esta segunda cascada, tiene un encanto especial, porque si normalmente las cascadas acaban en un rio, ésta acaba en el mar! Un espectáculo digno de ver. Desde ahí cogí un autobus que me llevaría a una de las playas que quería conocer, y ahí, al coger este autobus es cuando me di cuanta de las distancias y el ritmo de los buses!. Pero bueno, no quería alquilar moto y el coche, se va de presupuesto totalmente, además, ¿qué hace un mochilero alquilando un coche? Desde lo alto, se veísa la playita muy animada y con mucho surfero. Digo desde arriba, porque para acceder había que descender unos cuantas decenas de escalones, pero merecía la pena porque con ese calor que hacía, apetecía mucho darse un buen chapuzón. Y así lo hice, una vez abajo, me fuí al fondo de la playa, lejos de la zona de baño y del resto de surferos y me di un largo baño. Agua no muy fría y limpia… pues sin prisa.
Al salir del agua y dar una vuelta por la playa, ví un cartel extraño que daba alguna indicación de peligro que no entendía. Cogí el móvil para traducir el mensaje del cartel y…. oh oh «Peligro de tiburones. Recientemente se han avistado casos. Por favor, avisad cuanto antes a los socorristas para dar la alarma». Y yo tan tranquilo en el agua…
Al llegar al hostel de vuelta, me encontré con mi compañero de habitación, un estudiante coreano de arte que estaba pasando unos días en la isla antes de volver a los estudios en septiembre. Muy majete, pero el mayor roncador que he visto nunca. El tío pegaba unos ronquidos que parecía que temblaban las paredes. No pude pegar ojo. Ni los tapones, ni los cascos con música de ruido blanco o lluvía con truenos… nada! Allí no había quien durmiera. Qué noches hijo…
El segundo lo dediqué a a la zona este de la isla, con un cráter muy chulo a orillas del mar, a cuyos pies, los japoneses crearon unas bases secretas para esconder armas durante la segunda guerra mundial. Lástima que tengan cerrados estos túneles al público. Me acerqué a verlos pero la marea estaba subiendo y además estaba prohibido meterse y no queremos lios.
Aproveché ese día para ir también a la isla de Udo, que está a 15 minutos en ferry. Una isla muy tranquila con una playita de area blanca y agua cristalina. Y al volver a la isla grande me pasé a ver una cuevas de lava que desafortunadamente estaban cerradas por mejoras. Una lástima porque para llegar allé le dediqué por lo menos 1 hora de bus más un taxi que hay que coger porque no había otra manera de llegar. Al ver que las cuevas estaban cerradas, le dije al taxista que me dejara en una playa que había vista según íbamos a las cuevas, y allí pase el resto de la tarde antes de volver al hostel a oir los ronquidos de mi compañero.
El tercer día subí la montaña más alta de Corea, el Hallasan con 1970 metros, no es muy alta, pero el trekking es exigente. Son 10km de ida y otros tantos de vuelta. Puedes elegir diferentes senderos para no ir y volver por el mismo sitio, y así hice yo, subida por un lado y bajada por otro. Más divertido pero kilometrada al canto, ese día creo que superé los 30km.
Me faltó ver una playita que tenía muy buena pinta pero las fuerzas ya no me acompañaron más, así que cogí un bus a la ciudad de Jeju desde la salida del sendero y allí comí algo en una especie de mini campo de golf donde los lugareños, todos ellos muy mayores, le daban al palo y a la pelota con mucho entusiasmo. Cuando me veían sentado en uno de los bancos del hoyo 4, se quedaban notarios y me preguntaban intrigados que de dónde era y qué hacía allí. Algunos me intentaron enseñar algunas palabras en coreano, pero es un idioma realmente complicado, así que me he quedado en el Hola, Gracias y Disculpe. Sin más.
Lo pasñé muy bien en la isla y podría haber estado algún día más sin problema.