Todos los pueblos tienen su lado oscuro, ahora o en el pasado. Es el caso de Japón que después de pasar en mi viaje por este gran pueblo, lleno de respesto, formalidad y buenas formas, he visto como aquí, en Kanchanaburi, la película cambia 360°.
Los japoneses durante la segunda guerra mundial, tenían la obsesión de invadir el sudeste asiático y más allá. En este caso, querían invadir la india y como por mar no se les daba bien, aunque les hundían todos los barcos, su estrategia iba por tierra. Como consecuencia, había que ir construyendo los puentes que hicieran falta para crear una linea ferroviaria que llegara hasta lo más cerca de la india para abastecer al ejercito japonés con lo que hicieamra falta.
Por otro lado, estaba el bando de los aliados, formados por americanos, australianos, franceses e ingleses. Ni rastro de España, que junto con italianos, por aquella época, coqueteaba con el imperio alemán, uno de los países del eje del mal.
Lo japoneses iban haciendo primeros de guerra de los pobres aliados que caían en sus manos y éstos fueron los que iban construyendo los puentes.
En el caso que nos ocupa, estamos en el famoso puente de la película:» El puente sobre el río Kwai». Quizá alguno no la ha visto, pero como no recordar una de las melodías silvadas más famosas de la historia del cine.
El caso es que a esta linea ferroviaria que tendría que llegar a la india, se la llamo el tren de la muerte porque se llevó por delante a decenas de miles de soldados aliados y otros tantos paisanos tailandeses, malayos e indonesos, que engañados por las condiciones ofrecidas por los japoneses, accedieron al trabajo.
Secidce que la linea tiene unos 420km aproximadamente y que por cada una de las traviesas que forman las vias, murió una persona. Hay muchas traviesas en 425km. Muchísimas.
Las condiciones de trabajo tanto para los soldados aliados como para los civiles locales eran infrahumanas. Enfermedades como la disentería o el cólera se cebaron con los trabajadores dadas las condiciones climáticas y la mal nutrición hizo el resto. Todo ello, llevado a cabo sin compasión por el ejercito japonés. Difícil de digerir después de haber pasado por un país tan noble, honorable y respetuoso como el que vi en el inicio de mi viaje.
Pero la historia es historia y lo mismo se podría decir de las poco cívicas formas que tuvo nuestro imperio español cuando conquistó las Américas.
Me quedo con el presente y lo que vi en mi viaje por el país del sol naciente.
La llegada a Kanchanaburi desde Ayuthaya lleva varias horas de bus. En concreto, y si no pillas una van compartida que te dejaría en unos 4 horas, el viaje te llevará dos tramos de un par de horas casa uno. El primero hasta Suphanburi y de allí otro bus local hasta Kanchanaburi.
El pueblo tiene turismo aunque no son las masificaciones de Chiang Mai o Chiang Rai. El aliciente es el propio puente sobre el río Kwai, que realmente el río que atraciesa no se llama así, sino Mae Klong, pero la película hizo que el propio gobierno le cambiara el nombre a Kwai ante la llegada de miles de turistas que preguntaban por este río y su puente.
Además tiene un parque natual, Erawan, con unas cascadas muy dignas de visita y por supuesto del baño correspondiente en sus aguas frías y azul turquesa. Eso sí, el sartenazo en la entrada es tremendo. 300 bats por se extranjero te soplan para ver las cascadas formadas por siete plataformas que se distribuyen a lo largo de dos kilómetros, a cual más bonita.
Luego hay otra cascada en una de las paradas del tren de la muerte que puedes coger, pasar la mañana, y volverte en el atardecer, pasando un día muy chulo con las vistas sobre el tren y un chapuzón en la cascada de turno.
Así que me voy contento con mis días en Kanchanaburi y recomiendo su visita si se disponen de día suficientes más allá del los asignados los puntos más populares como puedes ser las playas, Bangkok y Chiang Mai.