«Mira pero no toques. Toca pero no pruebes. Prueba pero no saborees». Esa frase mítica, que dice Al Pacino, en una secuencia de la película Pactar con el Diablo, es lo que debe sentir el Malayo del taparrabos que nos hemos encontrado en Kuala Tahan.
En esta burbuja de cristal de Kuala Lumpur formada por el distrito financiero, lleno de rascacielos, todo es poder y un oasis fuera de la auténtica Malasia, que a pesar de ser una de las economías más fuertes de Asia, las ciudades por dónde hemos pasado no representan un poder económico muy explícito. Estará sumergido por ahí, o lo tendrán los cuatro de siempre porque lo que se dice potencia wconomica, yo no lo he visto.
Si que es cierto que la ciudad tiene un aspecto futurista interesante y está marcadas claramente por las torres Petronas que prácticamente se pueden ver desde cualquier punto de la ciudadm. Al principioo, cuesta moverse por la ciudad, pero luego le vas cogiendo el truco. Eso sí, no es una ciudad preparada para los peatones. Es una ciudad diseñada para el coche y para ir de la casa al centro comercial, al fresquito. Cada vez que intentaba moverme caminando, acababa cruzando por medio de alguna super avenida de 3 o 4 carriles sin aceras es decir, como si tuviera que cruzar la M-30. Así es como te mueves de un barrio a otro. Tiene alguna pasarela que conecta algún barrio pero en general , la ciudad modo paseo es horrible.
Por otro lado, tiene un buen transporte urbano. Puedes coger el monorail, el metro, cientos de buses urbanos, y te dejan en la otra punta de la ciudad en un momento.
Los barrios que más chulos están son los de Chinatown, Bukit Bitang y Little India. Hay un montón de ambiente, tiendas, mercadillos y ritmo caótico en todos ellos. Aqui, en Malasia, estamos empezando a descubrir el hinduismo y lo fervientes que son sus seguidores. En algún momento hemos entrado en un templo hindú y hemos podido apreciar lo explícito de sus plegarias. En esta religión, el cuerpo, los olores y los colores van de la mano para llegar a alcanzar esa iluminación y bien camino que todo hinduista quiere conseguir a través de sus rezos y ofrendas a su correspondiente deidad.
Los sacerdotes, a pecho descubierto y con una túnica que cubre la parte inferior de su cuerpo, llevan en brazos y pecho las tres marcas de ceniza que les hace recordar que somos polvo y en polvo acabaremos, es una señal de humildad, y que tiene tres significados, uno por cada raya. La destrucción del Ego, el Karma y la falsa ilusión de que el mundo material es la única opción. Ellos son los encargados de «bendecir» a los feligreses con la ceniza.
Kuala Lumpur merece tres días para ver tranquilamente los barrios, pasear por sus mercadillos, ir a las cuevas y sobre todo pasar tiempo delante de esas gemelas que te dejan sin respiración.