Las expectativas de Kyoto eran altas. Es la ciudad de Japon que mantiene más arraigadas sus costumbres, las parte más mítica de la isla. La posibilidad de ver las auténticas Geishas aunque fuera por la calle, de una casa de Te a otra, era una curiosidad que tenía desde hacía tiempo.
En general, Japón está repleto de turistas o propia gente local que alquila un traje de geisha y sale a la calle con él para hacerse fotos por las zonas más destacadas. Por alrededor de unos 4000/5000 yenes puedes alquilar un traje de geisha y dar un paseo con el. Pero lo autentico, era ver a las verdaderas artistas japonesas que normalmente se pueden encontrar en las casas de te, entreteniendo a gente de alta esfera social, en el barrio de Gion.
La llegada a la ciudad, una vez más, fue muy fácil y cómoda. Un tren JR, pero no Shinkansen, nos iba a dejar desde Osaka hasta Kyoto en unos 30 minutos. Están al lado. Y el hostel cerca de la estación! Genial, un tramo menos sin cargar con la mochila. Como no pudimos hacer el check-in a la hora que llegamos, sobre las 9.30am, dejamos las mochilas en recepción y nos fuimos a recorrer la ciudad. Volvimos a las 21h!
La primera toma de contacto, fue la bofetada con la realidad. Las zonas más destacadas estaban atestadas de turismo, y entre el calor y la gente haciendo fotos por doquier, la sensación resultó un tanto desagradable y las expectativas bajaron dramáticanente. Vamos equipo! hay que venirse arriba. Esto es lo que va a haber durante 4 días, así que mentalización y tratar de buscar las zonas más tranquilas.
Los templos son un espectáculo visual, las puertas de entrada, esos tejados tan elaborados, esos jardines que transmiten tanta paz… en muchas ocasiones hubiera dado cualquier cosa por saltarme la pequeña cuerda que evita el paso al charquito del jardín Zen de turno y espanzurrarme dentro del agua para aliviar el tremendo calor que se pasa en esta época del año. No se cuantas botellas de agua hemos bebido a lo largo de estos 4 días en Kyoto pero han sido muchas. Y es que estás sudando continuamente y como no te hidrates bien estas perdido, o muerto.
De los cuatro días el primero lo dedicamos a uno de los templos más destacados Kiyumizu-dera que está pegado a una zona boscosa y está a una considerable altura. Desde allí hicimos un recorrido por las calles más antiguas y clásicas de la ciudad, Ninen Zaka y Sannen Zaka, muy bonitas. No sabíamos donde meternos ya del calor que hacía para descansar y comer algo, y por qué no, salir de la zona de tanto gentío, y allí cerca de estas encontramos un pequeño local regentado por una señora mayor que nos dio de comer en un local totalmente vacío. Esos vasos de agua con hielos que te sirven siempre a la llegada de un restaurante, son una bendición.
Proseguimos la tarde viendo otras zonas y llegamos a otro punto que para nosotros fue referencia, el río Kamagawa y el puente Sanjo Ohashi. Aquello es una zona de liberación de calor y de tanta gente y puedes recorrer la ribera del río en un entorno más fresco y relativamente tranquilo.
Al día siguiente fuimos a ver otro punto destacado, la zona de los monos y el bosque de bamboo. A unos 40 minutos de Kyoto puedes disfrutar de un entorno de naturaleza con animales y río incluido, es la zona de Arashiyama donde puedes encontrar monos en libertad y el bosque de bamboo separados ambos por el bonito río Hozugawa, un entorno muy bonito. Desde los monos quería hacer una ruta por el interior del bosque pero la organización/autoridades de la zona tiene todo muy controlado y los caminos estaban cortados, no se si por seguridad o porque realmente no estaban adecuados para el publico. Así que nos limitamos a ver los monos cuya llegada hasta la cima, implica una exigente rampa de subida. Como era pronto, no había mucha gente y pudimos disfrutar de los jugueteos de los pequeños monos de la zona.
Después de los monos fuimos andando por la ribera del río hacía una zona que se nos anunció como Great Views, y efectivamente, tras unos 30 minutos caminando paralelo al río, una ascensión relativamente pronunciada nos llevaba a un templo, que dada su localización, su altura, y la tranquilidad que tení,a nos hizo sentir auténticos peregrinos. Arriba una campana enorme nos daba la bienvenida y nos invitaba a golpearla tres veces para desearnos suerte. Las vistas desde la terraza del templo eran espectaculares y allí descansamos un buen rato.
El bosque de bamboo fue otro cantar. Deshicimos el camino andado, con baño en el río incluido, y llegamos a la entrada del parque de bamboo. Estaba llenito de gente haciendo fotos y dificultando bastante el paso y por supuesto, el disfrute. Y aunque dicho paseo no sea nada del otro mundo, quizá en otras circunstancias se pueda apreciar mejor la naturaleza y esos árboles tan peculiares que no se pueden observar todos los días.
Para aprovechar el día, cogimos unos trenes locales que nos iban a dejar cerca de los templos de la zona, el ninna-ji y el ryanu-ji. Una vez más, los kilómetros caminados se iban acumulando en las piernas para terminar como todos los días con más de 30.000 pasos, es decir, unos 20-25 km.
Los otros dos días los dedicamos a ver otros templos de la ciudad y otro de los puntos más populares, el templo de Fushimia Inara, conocido por los miles de toris colocados a lo largo de un camino de unos 4km hasta la cima de una colina. Pensaba que estaría lleno de gente, pero en tren que fuimos pronto, y que 4km disuade bastante a la gente, podías encontrar zonas en las que estabas completamente solo. Estuvo muy bien la visita y disfrutamos mucho de la zona.
En general, en Kyoto, ciudad muy grande como para recorrerla andando, nos hemos movido en autobuses locales, más lentos pero muy efectivos porque hay muchas líneas y seguro que alguna te lleva a tu destino.
La ciudad nos gustó mucho y creo que después de 4 días nos la hemos recorrido y descubierto muchos de sus secretos!