La moto me ha dado una libertad fantástica para poder salirme de la senda de los elefantes del turismo, y nunca mejor dicho aquí en Tialandia, y me ha dado la flexibilidad y libertad de recorrer aldeas, cascadas y parajes remotos sin el agobio de tanta gente.
Una Honda de 150cc me llevaría por las empinadas cuestas de las montañas del norte de Tailandia. No esperaba que fuera a haber esas pedazo de rampas por estas carreteras pero la verdad es que dicho recorrido, el Mae Hong Son Loop, es popular en los moteros por sus más de 1800 curvas y sus vertiginosos puertos.
La verdad es que lo he pasado muy bien sobre la moto, y más allá de las bonitos escenarios que he visto, surcar estas carreteras ha sido todo un goce.
El primer tramo que hice fue de Chiang Mai a Pai. Después de unas dos horas o así, y tras varias paradas por los numerosos miradores en lo alto de cada uno de los puertos que vas atracesando, llegué a esta pequeña localidad muy popular por si ambiente mochilero – bohemio. A mí ver a tanta turismo me decepcionó un poco y más cuando vi las fiestas multitudinarias que se prepeparan por los alrededores. Tras pasar una noche allí, Salí corriendo de ese pueblo tras visitar un bonito campo de arroz que puedes atravesar por una pasarela de bambú. También tiene un atardecer chulo pero un poco sobrevalorado a fe de los miles de personas que había por allí. Cuando algo se pone de moda es imparable y acaba muriendo de éxito.
El segundo día hice la ruta de Pai a Mae Hong Son. Mucho mejor en este pequeño pueblo donde pasé dos noches y donde pude disfrutar de una preciosa experiencia con las mujeres de cuello largo. hay varias aldeas o comunidades de mujeres que todavía mantiene vivas sus costumbres ancestrales y es de admiración ver qué con orgullo las siguen perpetuando de generación en generación. Llegué con la moto a una de estas comunidades a las que accedes a través de un bote que cruza el río precio a la aldea. Muy pintoresco todo. Y allí te encuentras con las decenas de puestecillos con artesanías y productos, todos hechos a mano, mientras ves como estas mujeres de cuello largo tejen las bufandas que luego venden.
Para contribuir con la causa y ayudar a la,comunidad a mantenerse pagas una especie de entrada y luego, si quieres, haces alguna compra. Yo compré una bufanda con los colores de Tailandia, unos llaveros y unos imanes. Pero lo que realmente quería era interactuar con las chicas que había por allí y preguntarles cómo era si visa, como se divertían, etc.
Algunas mujeres hablan un poco de inglés y otras incluso mejor que nosotros, porque no todo el día están tejiendo bufandas o haciendo llaveros, también estudian inglés y mejoran el lenguaje. Gracias a ello, me permitió hablar con varias chicas y me contaron que experiencias en la aldea. Todo un lujo hablar con estas sencillas mujeres que prefieren seguir viviendo con sus costumbres en una muy tranquila aldea a tener que ir a la ciudad y adaptarse al duro ritmo de la vida en suelo moderno. Admirale y en cierto modo nostálgico vivir como las y ellos viven allí, valorando otro tipo de cosas y situaciones y bajo un paradigma muy distinto al nuestro.
En esta zona también .e dio tiempo a ver algunas.cascadas y un pueblecito pegado a la frontera de Birmania muy bonito y muy chino! Ban Rak Thai es el nombre de este pueblo que fue construido por antiguos soldados chinos que huyeron de ese país cuando se convirtió al comunismo y que tras vagar por Birmania, acabaron en Tailandia con la condición de que ayudarán a los tailandeses a proteger la frontera. Tras varios años allí, se dedicaron además al cultivo de Te y a crear un espacio muy similar a los pueblos de china. Muy bonito.
El siguiente tramo fue de Mae Hong Son a Mae Chaem. Todavía menos turismo me encontré en este pueblo a pies de la montaña más alta de Tailandia, unos 2600 metros. Aquí pasé una noche y visité varias cascadas dentro del PN Doi Intheon. En el propio pueblo coincidió que se estaba celebrando un campeonato de fútbol y tuve la suerte de presenciar un partido. Todos mis respetos a esos equipos que sin saber dar bien al balón, y sobre un césped del que en cualquier momento podrían salir liebres y conejos, pasaron un rato muy bueno y llegué incluso a ver varios goles.
Y finalmente cerré el lazo con el tdano de Nae Chaem a Chiang Mai, pero antes iba a pasar por uno de los puntos fuertes que me había preparado para estos días. La visita a un santuario de elefantes. Me hacía mucha ilusión ver de cerca a estos grandes animales y escogí un proyecto ético donde cuidan a los animales para que estos tengan una vida lo más cómoda y agradable posible. Pero antes de eso, subí con la moto hasta el mirador de la montaña más alta y de allí, y tras un pequeño treking que recorre una zona boscosas de la montsña, .arche a Karen project Elephant Sanctuary, que estqba como a dos horas. En ningún momento el camino en monto se me hizo largo porque tienes que ir muy concenyen las curvas y en las pendientes tan proninciadas. Pura adrenalina en muchos momentos. Finalmente, y no sin tener ciertos problemas para encontrar el campamento, llegué a las instalaciones donde estaban los elefantes. Un gran terreno con zona de bosque y un río donde viven estos animales. En un principio el chaval que oeganizaba aquello me dijo que tendría que haber reservado online. Yo me hice un poco el loco porque efectivamente había visto días antes que había que reservar online a través de us página web pero estaba todo lleno porque solo aceptan pequeños grupos de 5-10 personas. Así que me fui directamente con la esperanza de que siendo solo una, me metieron en uno de los grupos de la tarde. Y así fue! tras hablar del precio con el chaval me indico que le pagara a una de las mujeres que estaba por allí haciendo la comida 1300 bats, unos 17€ al camino, por 2-3 horas con los animales.
La mujer me preparó una buena comida y cuando llegó el resto de la gente iniciamos el paseo. El primer contacto con los animales fue impresionate. Tener tan cerca a un bicho así impone mucho respeto. Estamos hablando de 3-4 toneladas de peso, es decir, cualquier mal gesto del animal y te manda de un trompazo a Murcia. Así que cuidado.
La actividad consistía en darles de comer, pasear con ellos por la zona boscosas y finalmente bañarnos con ellos. Definitivamente, el baño fue lo más divertido pero toda la actividad es una experiencia mágica. La naturaleza es muy grande y tener estos animales un lujo que no podemos permitir que desaparezca.
Además el guía que nos tocó era un cachondo y me ayudó en muchos momentos a crear un bonito video para la posteridad. Gracias Copi!
Finalmente, y después de este momento inolvidable, volví a la carretera para hacer las dos horas que me separaban de Chiang Mai.
Vuelta a la civilización y a la masificación turística.