Una noche más en el Greyhound. Llegada a Melbourne, 7am. En este caso el conductor del bus era un parlanchín nunca visto. Normalmente, todos los conductores de buses aquí en Australia, cuentan por megafonía al inicio del viaje las paradas que va a haber, a qué hora aproximada llegaremos al destino y poco más. Sin embargo, El conductor de esta ruta, era un parlanchín, se ponía a hablar antes de cada parada dando consejos a los pasajeros de qué comprar en la estación de servicio donde iba a parar, o algún otro detalle anecdótico. Donde ya se explayó fue en la llegada a Melbourne donde nos iba contando los detalles de cada zona por la que íbamos pasando antes de llegar a la estación central de esta ciudad. Parecía un bus de un tour mas que un bus de línea. Grande ese conductor aunque en más de una me despertó de la pequeña cabezada que estaba echando.
Ya en la ciudad el hostel no estaba muy cerca, a unos 25 o 30 minutos andando, que con el mochilón, se hace pesado y claro cuando llegas a un sitio nuevo no sabes que puedes coger un tranvía que te deja en la puerta y es gratis!
Lo peor de la llegada a Melbourne no fue cargar con la mochila una media hora sino descubrir que el hostel donde estaba alojado para las siguientes 3 noches era un hostel regentado por….. Chinos! No puede ser, pero si yo estaba como loco por salir de china y me los sigo encontrando por todos sitios. Y claro, un hostel chino pues tiene sus cosillas de limpieza, este era un agujero que ya nada más de entrar el señor de la recepción decía que allí no tenía yo ninguna reserva. «Busca bien», le decía yo en inglés. Finalmente y tras dos o tres veces que el tío porfiaba que yo allí no tenía nada, encontró en un cuaderno, nada de la tecnología china de un ordenador o algo así, que mi nombre estaba al final de la lista. Eso solo para confirmar la habitación porque por supuesto hasta las 14:00 no entras en la habitación, así que dejé la mochila y como es habitual salí a recorrer la ciudad y hacer las primeras exploraciones.
Al principio, me parecía una ciudad mas incómoda que Adelaida, pero a medida que fui recorriendo sus calles y el río y esas zonas verdes, volví a sentir que la ciudad era amigable, y que a pesar de tener ya un nivel de tráfico y de gente mucho más serio que Adelaida, seguía siendo una ciudad cómoda, donde se respiraba muy buena calidad de vida, y donde el ocio, los restaurantes y las zonas verdes al lado del río, le daban una personalidad especial a la ciudad.
Hice una par de excursiones aqui. Una, no tuve más remedio que hacerla a través de un tour a la Great Ocean Road. Una carretera que se extiende a lo largo de casi 200km pegada a la costa y que va.pasando por pueblos costeros y parques naturales. El punto fuerte de esta carretera son los 12 apóstoles. una formación rocosa en el agua, pegada a los acantilados y que le da un toque salvaje y remoto a la zona. En un principio, se llamó a esta zona la cerda y los cerditos pero como podéis leer, no es un nombre con mucho tirón, asi que alguien se inventó lo de los 12 apóstoles que tiene más marketing detrás. Y así pasa, que la zona estaba repleta de buses como el mío.
La carretera es una pasada, y está considera una de las más bonitas del mundo pero recorrerla en modo tour, con las prisas no le sacas todo el jugo que podrías sacarle yendo en tu propio coche o furgoneta. Pero bieno, no hay otra.
Y la otra excursión, fue alquilar de nuevo una bici y llegar hasta las playas de Melbourne, en concreto, a la playa de St. Kilda, desde donde puedes tener una vista muy interesante del skyline de Melbourne. El camino en bici otra vez espectacular y pegado siempre a la playa y el paseo que recorre varias decenas de kilómetros. Allí nos comimos medio pollo del supermercado Coles, que es el que me suministra las comidas baratas.
Como curiosidad tengo que comentar, y sin que sirva de comentarios peyorativo, que la ciudad está llena de chinos. Pero llena quiere decir, que de casa 10 personas que veía por la calle 6 eran chinos, y eso me llevó a investigar por qué había tantos porque no era normal. La explicación es que durante el siglo XIX, con la explosión de la fiebre del oro en Australia y en concreto en Melbourne, muchos chinos vinieron a buscar el preciado metal y encontrar aquí una nueva vida. La mayoría no se hizo rico a cosas del oro, pero si descubríeron en éstas tierras un lugar donde poder crear sus negocios y tener una buena vida. Además, la ciudad se ha convertido en punto de referencia de educación universitaria de calidad y llegan estudiantes internacionales de cualquier parte del mundo, muchos de ellos de familias chinas que se pueden permitir enviar a sus hijos a una universidad australiana.