El muro. El cuasante del tiempo inestable en la isla sur. El que da sentido al nombre de la isla que en la lengua Maori es Aotearoa, que significa, «la nube blanca sobre la isla». Y es que con sus 3700 y pico metros es el causante de que las nubes se frenen y se acumulen a su alrededor y el de toda la isla, provocando este tiempo en ocasiones adverso ya que esas nubes del ártico que mueven los vientos del sur y que recorren alegremente miles de kilómetros por el océano indo-pacífico, se topan con el monte Cook o Aroaki en lengua Maori y desencadena ese clima peculiar de la isla.
Creo que me repito una vez más con las.palabras espectacular e increíble pero no puedo utilizar otras porque son las primeras que me salen al intentar describir todos estos sitios.
Ya el viaje en bus desde Queenstown hasta Cook village, el pueblecito al pie de las montañas es un trayecto que pasas por diferentes tipos de terrenos, desde viñedos y rios, hasta el lago Pukaki con su color azul y al fondo las montañas del monte Cook. Parecía todo sacado sacado de una cuadro.
Para hacerse de rogar el día está bastante nublado y el viento era muy muy fuerte, lo que provoco que esa primer día me dedicará a visitar el pueblo, el centro de visitantes y el museo que tienen destinado a homenajear a Sir Edmund Hillary, un alpinista neozelamdes que llegó a la historia por ser el primer hombre en subir al Everest. El amigo Edmund tenía el monte Cook como el patio de recreo donde mejoraba sus habilidades como alpinista para luego dar el gran salto a la montaña más alta del mundo. Un auténtico máquina.
Pero el monte Cook no es ninguna perita en dulce y lamentablemente se ha cobrado la vida de muchos aventureros que osaban coronarlo quizá subestimando su dificultad. Estamos hablando de 3764 metros y unas condiciones climatológicas, que alfunos momentos son impredecibles y muy adversas, lo que dificulta aun más su escalada.
Pero no solo es el pico Monte Cook el que hay en la zona. El valle tiene varios picos de más de 3000 metros y otros tantos que rondan los 2500 lo que hace del valle Hooker una especie de muralla infranqueable.
Como aficionado al treking, lo único a lo que estaba preparado era a hacer las rutas de la base de este valle que ya de por sí son exigentes pero con unas vistas que te dejan sin aliento. Y como el primer día no pude hacer gran cosa, acumulé energía para hacer varias rutas al día siguiente que parecía que iba a hacer mejor, aunque en laomtaña nunca se sabe.
Cuando me levanté la mañana siguiente, lo primero que hice fue mirar por la ventana de la habitación del bonito hostel donde estaba alojadom Parecía que hacía sol, pero seguía habiendo nubes que dificultaban la visión del valle por completo. Aún así hice la ruta del Kea Point, desde donde se puede apreciar todo el monte Aroaki (momte Cook Maorí) y otros pocos adyacentes. Después de esa ruta, hice otra caminata, wstaucjoas.exigente a un mirador desde el cual se puede apreciar gran arte del valle Jooler y los picos que lo flanquean. Esa ruta esruvoedio pasada por agua y nieve y la vuelta se convirtió en algo epico. Aún así, yo disfruto de esas situaciones, que también y de alguna manera, te ponen a prueba.
Volví al hostel, comí algo y esperé a otra ventana de. tiempo en la que el sol hiciera acto de presencia. Así fue, a eso de las 15h salía el sol, y yo hice mismo, salir del hostel hacia otro valle casi paralelo al Hooker, el valle del Tasmania, con un glaciar y un lago del mismo nombre que merecían ser visitados. Sin embargo, antes de llegar al valle me quedé en un precioso puente de hierro que permitía cruzar el río Jooler cargado de agua de todo lo que estuvo lloviendo el día anterior, más todo el agua que de por sí baja debido al deshielo de la nieve de las montañas. Me quedé largo esto en las piedras del río explorando y jugando por la zona y el tiempo volvió a empeorar, así que me volví al hostel. Todo esto andando. Vaya palizas.
El último slot de sol lo tuve antes del atardecer. Serían las 19h y salí otra vez del hostel al ver que rleia estaba quedándose muy despejado. ideal para ver el atardecer. Antes de salir la chica del hostel me dijo que si no tenía una ruta clara donde ir, me aconsejaba subir a un mirador desde el cual había unas vistas de escándalo. Le hice caso y me fui para allá. Después de un vue. rato subiendo escalones y con varias dudas de continuar por el cansancio acumado a lo largo de todo el día llegie a la cima. Allí im banco de madera me estaba esperando para contemplar unas vistas que se han quedado grabadas en la rerima y que espero nunca se borren. A estas vistas y a este momento místico, se unieron unos inesperados invitados. El loro grande tipico de Nueva Zelanda. el Kea. Un anima curioso, de color verde oscuro y con el interior de las alas de color naranja. Se presentaron tres individuos para ver si les caía algo de los panchitos que me estaba comiendo. Y efectivamente, y a pesar de que no se puede ni debe hacer, les correspondí con varios manises para casa uno.
A la bajada y antes de que anocheciera, bajé de aquel mirador y me acerqué todo lo que pude al Kea Point, el mirador donde había estado esammosma mañana y no había podido ver nada. Ahora el color rosáceo del atardecer ilumimaba el despejado momte Cook para deleite de nuestros sentidos y espíritus. Mágico.
El último día en el monte Cook lo dedique a alquilar una bici para llegar al final del valle del Tasmania que la tarde anterior no pide hacer porque se haciauy lejos caminando. Con la bici me llevó unos 40 minutos en llegar al parking y desde allí, una ascensión para contemplar el lago Tasman y su correspondiente glaciar. Al glaciar está muy bien, lo que no está tan bien es la diferencia de hielo que aparecía en una fotos y lo comparaba con 1990. En tan solo 35 años el glaciar se ha quedado escuálido perdiendo alrira, grosor y longitud. El cambio climático que algunos insisten en negar.
El día estaba totalmente despejado y el tráfico de acceso a la zona así lo reflejaba. La ausencia de coches de los dos días anteriores, se vio alterada a un tráfico continuo de coches, motos y caravanas para presenciar el espectáculo de las montañas.
Sin duda un lugar que todo el mundo debería visitar si va a Nieva Zelanda.