Lo mejor de esta isla estuvo en el tour que hice con mi propio hostel, Intoy’s place. Tienen su propio barco y me ofrecieron un viaje a Balicasang y Virgin island, islas ambas que son el reclamo turístico de la zona, la primera por si zona santuario de tortugas, y la segunda por su lengua de arena que al caer la marea emerge de las profundidades.
Durante el tour, en el que estuve acompañado por la familia de los dueños del propio hostel porque no había más huéspedes que lo hicieran, fuimos a ver delfines. El problema es que con tantos barcos, los pobres animales estresados acaban huyendo a zonas profundas, evitando a los turistas. Después fuimos al santuario de tortugas, donde tras ser asignado a un guía que te acompaña en el buceo durante una hora de reloj, te lleva a un par de puntos muy bonitos pero saturados de gente. Si tienes suerte, puedes ver, como fue el caso, un par de tortugas. Lo que seguro vas a ver son cientos de aletas, no de peces sino de las de los turistas qu copan la zona.
Lo bueno de hacer el tour con el propio hostel es que se salen un poco del camino habitual y estuvimos en la isla de Balicasang comiendo en zona muy tranquila, lejos del gentío.
Luego la isla de Virgin tiene también su encanto pero de nuevo, y dadas las fechas de semana santa, estaba llenita de filipinos y disfrutando merecidamente de sus vacaciones.
Con el hostel también alquilé una moto con la que recorrí la isla, sus playas, sus puntos de atardecer y alguna zona de snorkel. La isla no es la más espectacular de las que he visto en Filipinas pero está curiosa también.
Otro de los puntos en los momentos en loa me divertí mucho fue en los billares, jugando con los jóvenes lugareños y apostándonos unos pesitos en casa partida. La modalidad consiste en repartir cinco cartas de poker a cada jugador y meter las bolas correspondientes a los números de las cartas que te hayan tocado. Divertido y rápido. Allí conocí a Alfred, estudiante de segundo año de ingeniería civil, a Dave, busca vidas filipino y a un chiquitillo de unos 10 años que embocaba bolas con un facilidad preocupante. Y digo preocupante porque daba a entender que pasaba demasiado tiempo en los billares. El enano, que a duras penas llegaba a la mesa, utilizaba el bastón auxiliar del billar para apoyar el palo con el que golpeaba las bolas. Cerraba un ojo y como aquel qu dispara una escopeta de feria, golpeaba la bola. Casi todas iban pa dentro. Ganó varias partidas y saba palma con las orejas.
En general, la gente de la isla super amable una vez más en este país y siempre dispuesta al diálogo, y a la ayuda.