La entrada en Laos estaba llena de expectación. Un pequeño país montañoso, con un gran río que hace de frontera con Tailandia y un sistema comunista a sus espaldas. Una pequeña China.
El cruce de la frontera fue muy fácil y rápido. Sello por aquí, 40€ por alla, a modo de visado y para a dentro. Si, 40€ es una barbaridad para un país como Laos y teniendo en cuenta que me costó casi lo mismo que entrar en Nueva Zelanda y mucho más que en Australia, que fue gratis, el importe es una salvajada. Bueno, contribuiré a la mejora de las carreteras, que son como del tercer mundo o peor. Eso sí, el tren de alta velocidad que ha construido y fimamciado China en Laos es todo un derroche de tecnología. A china le viene muy bien para sus negocios y situación geopolítica, y a Laos, a pesar de haberse endeudado hasta las cejas, también porque ha incrementado su turismo chino en gran medida, y eso es mucho decir.
De momento el descanso por el río Mekong es la primera atracción turística a la que te enfrentas si entras por Chiang Kong. Puede que hace unos años, está atracción fuera lo idílica que esperaba, pero como todas aquellas atracciones interesantes y auténticas, finalmente mueren de éxito. Puede también que en sentido contrario,es decir, río arriba, la afluencia de turistas sea algo menor, pero en cualquier caso, la ruta de barcos está un tanto masificada y la parada en Pak Beng, es un circo de mochileros.
Dicho todo esto, la navegación en un largo bote, tipical Laos, dura unas 6 horas el primer día, haces la noche en Pak Beng, y al día siguiente otras 6 horas. Una buena paliza de barco y más casada aún si no haz estado espabilado y te ha tocado en la parte de atrás del barco donde está el super motor que mueve la mole de madera que transporta a 150 turistas con sus mochilas. No todo es malo, las vistas y el ambiente que se respira alrededor del barco es muy de aventura y ver las aldeas por donde van parando de vez en cuando para dejar a algún paisano, te vuelve a colocar en tu sitio como ser humano. Qué difícil tiene que ser vivir en una aldea de estas, después de haber pasado por las comodidades del primer mundo.
La primera parte del viaje la hice con Joel, un australiano de Sydney de pocas palabras que estaba unos meses de vacaciones por tierras asiáticas. Y la segunda parte con una pareja de Ingleses de mediana edad como yo, y que tenían residencia en Mojácar. Dos buenos personajes.
La llegada a Luang Prabang está bien organizada para el negocio del tuk tuk, ya que en vez de dejarte en el mismo pueblo de Luang Prabang, te deja como a 7km y no tienes más remedio que tomar el tuk tuk, por una módica cantidad pero que no deja de ser irritante, el juego que se traen con la mercancía de carne y hueso.
¿Recomendable? Quizá río arriba la experiencia sea más auténtica y no se convierta en un desembarco, como en Normandia.