Sales del supermercado y olor a huevo podrido, sales del hostel y olor a huevo podrido. Así es Rotorua que en algunas zonas del pueblo más que en otras, el olor se hace más intenso. Y es que claro, estamos hablando de una zona volcanica, con muchos géisers y circuitos geotermales por lo que el olor sale a relucir en cualquier momento.
El pueblo tiene ese reclamo turístico, mucho Spa, circuitos de géiser y exhibiciones maorís en las aldeas que estos antiguos pobladores siguen teniendo en éstas tierras. Un poco todo de cara a la galería aunque siguen viviendo por allí, en la aldea.
Lo que más me divirtió en esta zona fue el circuito de momtain bole que hice por la reserva Redwood. Está reserva está formada por una enorme extensión de secuoyas enormes en cuyo interior hay miles de caminos para bicis de montañas, caballos y peatones. Alquilé una bici y marche a hacer una ruta por la reserva. Me pegué una buena paliza para subir hasta lo más alto de la reserva y luego hacer una bajada vertiginosa entre el bosque y las secuoyas. Fue muy divertido, esa bajada a una buena velocidad con curvas super cerradas y por caminos en los que solo cogía una. bici. Abajo, como siempre, el bocata habitual para reponer las fuerzas.
En Rotorua volví a ver a mi colega Alan, el chaval argentino que me llevó desde Tongariro a Taupo. Habíamos quedado que nos veríamos para despedirnos y así fue. Quedamos en el lago de Rotorua y después de tomar algo por la zona fuimos a mi hostel para corresponder al argentino con una clásica tortilla de patata. Fue un proyecto fallido porque el material de cocina que tienen los hostel es pésimo, es decir, la tortilla se convirtió en un revuelto porque se me quedó totalmente pegada al darle la vuelta. El caso es que pasamos un buen rato y nos despedimos quién sabe si para volvernos a ver en Madrid, Buenos Aires o quién sabe qué ciudad.