Mapa de la zona
Crónica
Los últimos 8 días los he pasado en este estado de Malasia, Sabah. Un estado ubicado en la parte oriental de la isla de Borneo, que se caracteriza por su zona selvática. Pero además, y para me sorpresa, tiene unas playas paradisiacas repartidas por las diferentes islas en frente de Kota Kinabalu. Nuestro primer destino fue ese, Kota Kinabalu (KK), que fue donde me dejó el avión procedente de Singapur. Nada más llegar te das cuenta que es un sitio poco turístico y muy auténtico. Tiene un puerto d...
Los últimos 8 días los he pasado en este estado de Malasia, Sabah. Un estado ubicado en la parte oriental de la isla de Borneo, que se caracteriza por su zona selvática. Pero además, y para me sorpresa, tiene unas playas paradisiacas repartidas por las diferentes islas en frente de Kota Kinabalu.
Nuestro primer destino fue ese, Kota Kinabalu (KK), que fue donde me dejó el avión procedente de Singapur. Nada más llegar te das cuenta que es un sitio poco turístico y muy auténtico. Tiene un puerto de pescadores con una actividad frenética y a su alrededor un gran mercado tanto de pescado como de otros productos. La mayoría de la población es musulmana y estamos en medio del Ramadán, así que muchos mercados no abren hasta las 3 o 4pm, cuando los lugareños salen a comprar los víveres que comerán reunidos en familia en cualquier parque de la ciudad o en la parte paseable que da al mar.
Desde KK hay varias excursiones a playas o islas muy interesantes, yo hice la de la isla Mengalum, que está a una hora y media en lancha y me costó 150 ringits, al cambio unos 30€, caro para la zona en la que estamos pero por lo menos el día fue fantástico. El camino fue amenizado por los cuatro guías del grupo. Éramos 32 chinos, 4 franceses y un español. Se pasaron el camino cantando y bailando al ritmo de la música que sonaba a fuerte volumen en los altavoces portátiles que llevaron a la isla. Los chinos enloquecían con los movimientos sensuales de los guías que por un momento se convirtieron en divos, imitando y cantando a coro las populares (para ellos) canciones chinas que sonaban una detrás de otra. También hubo algún tema occidental para deleite del personal no chino. Los gritos de mis vecinas de atrás eran tan estridentes y falsos que por un momento me dieron ganas de estrangularlas y tirarlas por la borda.
Todo valió la pena al llegar a la isla. Sin un alma a la vista, la playa tenía un aspecto salvaje y paradisiaco. Su arena blanca y su agua cristalina, de un intenso color azul, hacia que tanto el dinero del tour, como los gritos de los chinos y el vaivén de la lancha quedaran totalmente olvidados.
El tour incluía la comida, dos inmersiones de buceo en diferentes puntos y la posibilidad de coger un pádel surf o canoa. Yo me centré en caminar por esa playa paradisaca y tomar un baño en sus frías y refrescantes aguas azules y dar gracias por estar allí, disfrutando de aquella maravilla natural en mi soledad.
Los puntos de buceo no estaban mal, no eran los mejores del mundo, pero si que se veían mucha vida submarina basada en pequeños peces de colores y alguna tortuga despistada.
La comida, la verdad que para ser un tour, estuvo bastante completa y no exenta de calidad así que podíamos dar por muy recomendable el tour de la isla Mengalum.
De KK salté a Sepilok, una zona selvática caracterizada por los santuarios de Orangutanes y Osos malayos, la especie de osa más pequeña del planeta y que solo se pueden ver en Borneo.
Los Orangutanes son animales increíbles, compartiendo un 95% de nuestro ADN, son animales dóciles, mientras no les toques las narices, como a todo bicho viviente, que poseen una gran fuerza y que son muy inteligentes, pudiendo construirse sus propias herramientas para protegerse del sol o para abrir algunas frutas. En el santuario recogen a los bebés huérfanos y los llevan a esta organización para enseñarles a buscarse la vida y soltarlos a los 10 años más o menos a la selva. Siempre es bonito ver a estos animales y si es en libertad mucho mejor. Eso, lo de verlos en libertad, me ocurrió al día siguiente, al hacer el Kabili treking. Una caminata de unos 7km ida, que acaba en unos manglares y que transcurre por un camino de selva controlada, es decir, in camino bien marcado. Vamos, que no me metí a lo loco en una selva porque eso requiere unos conocimientos del lugar que no tengo. Este camino estaba un poco abandonado y no me encontré a nadie tanto en la ida como en la vuelta. Bueno, miento, si que me encontré a alguien, a orangutanes en libertad. Y es que cuando quedaban unos 500 metros para llegar a los manglares, me encontré con una antigua casa o resort abandonado. Como me resultó curioso toparme con ese edificio allí en medio de selva después de 6,5km de profunda vegetación, subí las escaleras de aquella construcción que tenía alrededor de la vivienda el típico porche de madera que recorría toda la casa. Y cuál fue mi gran sorpresa y susto a la vez, cuando al girar la esquina de la casa, me encuentro a un orangután, sentado en una silla de plástico, y meciéndose sobre dos patas de la silla mientras apoyaba sus piernas sobre la barandilla de madera del porche. Al emitir un coño! el mono se llevó tanto susto como el mío, propiciando si caída y mi retirada detrás de la esquina. Curioso de mi, volví a asomar la gaita más allá de la esquina a ver qué hacía el primate y avance unos pasos por el porche de madera. El orangután sentado en el suelo y. detrás de la silla, no parecía nada nervioso y parecía se le había pasado el susto, así que decido ponerse en pie y avanzar hacia mi, arrastrando la silla a modo de parapeto para poder defenderse de aquel ser extraño que había roto su tranquilidad. Al fondo otros orangutanes bajaban de los árboles para presencir el encuentro y romper con el aburrimiento que seguramente venían arrastrando desde la mañana. No vi peligrar mi integridad física en ningún momento, pero tampoco quería responder a la pregunta de si aquellos monos querrían jugar conmigo, asi que tomé un par de fotos de mi colega y despacito me fui volviendo a la puerta de entrada deshaciendo por el porche los pasos que me habían llevado hasta allí. El primate siguia avanzando con la silla hasta que la dejo a un lado y me ‘acompaño’ hasta la puerta. Allí me despedí de él y de sus colegas y cuando ya me había editado unos cien metros, aún pude oír las pisadas de varios de ellos siguiendo en silencio por la pasarela de madera previa a la constitución. Cuando deje de oír las pisasas, respire tranquilo y continúe mi viaje de vuelta, otros 6km que me esperaban hasta el inicio del treking. Bonita y emocionante experiencia.
De Sepilok me fui a Sukau, villa remota donde las allá a orillas del río Kinabantangan, al que llaman el Amazonas del este. Durante el camino hasta Sukau, pude apreciar como lo que hasta hace unos 20 años atrás era pura selva, ahora se había convertido en un no parar de plantaciones de aceite de palma, un serio problema que parecen estar combatiendo algunas organizaciones ecologistas que intentan evitar la destrucción de la jungla y la consiguiente pérdida de biodiversidaad. Al recorrer la zona en el transporte que me llevo hasta Sukau iba preguntándome quién daba permiso a cultivar esas plantaciones y el objetivo. Y tan rápido me hacía las preguntas, me venían las lógicas respuestas. El propio gobierno malayo, concede los permisos a los propietarios de estos cultivos para recibir buenos ingresos por las tremendas exportaciones de aceite de palma al resto del mundo. Pero no les puedo culpar, ya que estoy genera mucha mano de obra en la zona, y por tanto dar de comer a infinidad de familias que de otra manera posiblemente no tendrian nada con lo que ganarse la vida. Ademas, por qué no decirlo también, todos somos cómplices de la destrucción de la selva en favor del as plantaciones puesto que occidente no para de consumir productos que llevan aceite de palma. Productos tan cotidianos como las galletas, los chocolates, muchos snack como Chetosos, Fritoos, etc., comida procesada, etc, etc., un sin fin de productos que seguramente compramos en nuestro día a día. Lo que hay que hacer es tener un equilibrio para que este corredor de vida no desaparezca nunca.
En sukau hice un tour río arriba, en lancha, para ver animales y tuve la suerte de ver diferentes especies de primates colgando de los árboles. El que más me llamó la atención fue el probosic monkey o mono narigudo. Parece una persona, con su piernas largas, su cara similar a la de un humano, era un espectáculo verlos allí colgados en manada guiada por un líder que lejos de erigirse como macho alfa a través de violentas peleas, se erige por los saltos más acrobáticos y complicados. Que bonita es la naturaleza y que diferentes son las miles de especies que tenemos.
Cuidamos el planeta!