Había llegado el momento de separarnos, mi pivita volvía a Madrid en vuelo directo desde Tokyo y yo proseguía en solitario mi camino en esta fantástica aventura con dirección a Seúl.
Fue un día extraño, después de 24 días sin separarnos y con la idea de no volver a ver a Rocío durante 11 meses, mi estómago sufrió un vuelco como cuando caes de una lanzadera del parque de atracciones. Había que espabilar y reponerse.
Desde el aire, Seúl impresiona, otra ciudad imponente. Los miles de rascacielos alargados y estrechos se posicionaban en poco espacio de terreno, dando la sensación de fichas de dominio que en cualquier momento podrían caer con el consoguiente efecto dominó.
Después de una hora y un cuarto de autobús desde el aeropuerto, llegué al Seúl city, al hostel, que estaba en pleno centro de la calle Myeoungdong, un barrio que se caracteriza por sus comercios y restaurantes y el mercado nocturno donde la gente local saca sus puestecillos de comida y el turismo abarrota por las noches.
Al igual que Japón, válgame la comparación, seúl está llenos de barrios con mercados de comida y restaurantes luminosos que atraen al personal. La vida encesta ciudad como en cualquier otra gran ciudad es ajetreada y con mucho movimiento pero tiene un canal en el propio centro, que recorre la ciudad de este a oeste donde los seulenaes y en general cualquier turista utilizan para desconectar del bullicio de la urbe y por qué no, refrescar los pies en ese agua fresquita. De hecho, está corredor verde, es punto de encuentro de jóvenes, gente que quiere hacer deporte o aquellos que quieren descansar de un duro día en la ciudad. Para mí fue punto de referencia donde terminar cada día.
En cuanto a los monumentos, Seúl está llena de palacios y templos budistas que merece la pena recorrer. Para los que no somos budistas, todos los palacios y templos pueden parecer iguales pero siempre algún detalle o algún jardín hace que ese templo sea distinto del anterior y merezca la pena su visita. Además gracias a la IA que me va contando aspectos del budismo, en casa templo o cada estatua de buda puedo ver a quien representa o la simbología de su postura y manos y eso hace que la visita adquiera un nuevo valor.
A pesar de estos monumentos, creo que lo más destacado de Saúl son sus mercados tanto de diurnos como nocturnos y su vida callejera. Uno delos mercados más grandes que vi es el de Inseog, puestos y puestos de ropa, comida, utensilios y en general, todo aquello que puedas imaginar. Enorme.
Otra de las zonas que también me gustó fue la del río Han. Un río enorme que divide a la ciudad en dos y que se unen gracias a la decena de puentes que cruzan el río. A sus orillas han creado zonas verdes para pasear y hacer deporte, incluso puedes cenar en alguno de sus barcos flotantes. Pero yo quería ir al río para ver los exteriores de la mítica película coreana, The Host, donde un pez del río ha mutado para convertirse en un monstruo que acecha a los ciudadanos. No encontré exactamente el mismo lugar porque la película es de 2006 y la zona ha cambiado bastante, pero el paseo a pesar del incesante lluvia que cayó prácticamente durante todo el día fue muy agradable.
Quería hacer una excursión desde Seúl y tenía dos opciones, o ir a ver la fortaleza de Suwon, al sur al unos 30 minutos en tren, o ir a la zona desmilitarizada, DMZ, para ver la frontera entre Corea del Norte. La segunda valía como cuarenta euros en un tour, no se puede ir solo, y la primera la hacía por mi cuenta, así que elegí la primera opción, la fortaleza de Suwon ya que la zona de los militarizada me parecía que iba a ser una turistada.
La fortaleza no es ninguna maravilla pero sí que te permite pasar un día agradable alrededor de la muralla y del interior del pueblo fortificado que tiene un río que lo atraviesa. Aemás, tiene un templo nudista con un Buda de un tamaño considerable que hace la visita muy atractiva.
En general, no es Tokyo pero Seúl es una ciudad para visitar y conocer muy interesante.