Próxima estación Shanghái, final de trayecto.
Después de 43 días recorriendo este gran pais, tocaba poner punto y final o punto y aparte. Y llegaba con la ilusión de ver el partido de fútbol El clásico, que enfrenta a Real Madrid y Barcelona, y que coincidia con el cumpleaños de mi padre, por lo que aproveché la ocasión para hacer una vídeo llamada a esas horas en las que otras veces andaría medio durmiendo.
Llegué sobre las 13h y dejé mi mochila en el hostel que estaba muy bien ubicado. Como algo y me fui a recorrer un poco la ciudad, buscando de fondo algún bar donde pusieran el partido. No fue difícil encontrar uno porque Shanghái es una ciudad que lejos de oarecerse a las típicas ciudades chinas por las que he pasado, tiene más pinta a una ciudad occidental, y por tanto tenía varios bares internacionales que emitan el partido. Lo malo es que era a las 23.15h horario de china y eso implicaba «trasnochar» para alguien que se viene acostando sobre las 21h. Pero la ocasión lo merecía. Y finalmente valió la pena, dado el resultado.
Shanghái es una ciudad que gira en torno a la bahía o paseo fluvial, el Bund.
El bund es como un malecón donde antaño las potencias extrajeras que sometieron a China durante un largo periodo de 100 años, asentaron sus bancos, aseguradoras, empresas navieras, etc. El nombre Bund viene de una palabra india que significa terraplén o dique, y es que para asentar adecuadamente todos los edificios que comentaba antes, fue necesario crear ese dique o terraplen, y fueron las fuerzas Indias, lideradas por los británicos que tenían su colonia allí, la que construyeron el dique y le pusieron el nombre que al a postre adoptaron los ingleses y que a día de hoy es el nombre con el que se conoce a esta zona. El río Huanpu separa el Bund de la zona financiera, Pudong, que está formada por decenas de rascacioelos dando ese Skyline tan típico y espectacular a toda esa parte de la ciudad.
Pasear por ambos lados del río y contemplar tanto el skyline de un lado, como los remodelados edificios históricos del otro, es una actividad obligatoria aquí en Shanghia. Cruzar de un lado a otro del río es muy fácil gracias a los ferrys públicos que por 2¥ (25 cent de €) te llevan al muelle de enfrente.
Ademas, Shanghái tiene otros barrios muy interesantes como el Tianzifang, donde me corté el pelo y las barbas en una humilde barbería entre estrechos callejones. O el barrio de Xiantandi, corazón del partido comunista y antiguo barrio marginal de refugiados de las guerras del opio y que hoy es un barrio de élite formado por restaurantes, cafeterías y tiendas de ropa de marca.
Otra ruta obligada es caminar por la West Nanjing Road, una calle peatonal que aglutina miles de tiendas y que desemboca directamente en el muro de los millonarios en el Bund. Es una ciudad que me gustó y me fue bien con tres días.
Se que echaré de menos muchas cosas de China que voy a intentar enumerar a grandes rasgos y así hago un balance de lo bueno y lo maño.
Cosas que echaré de menos:
– Alipay, y no tener que preocuparme en ningún momento del dinero.
– Coger una bici para ir a cualquier lado de una ciudad.
– Esa magnífica red de trenes de alta velocidad.
– Esos trenes nocturnos decadentes pero que son una excelente forma deoverse y ahorrar tiempo y dinero.
– Esos metros eficientes.
– Los pueblos de la china ancestral con su arquitectura antigua.
– Las montañas con sus miles de escaleras de piedra.
– Esos chinos jóvenes curiosos que me han ayudado cuando está confundido o en problemas.
– Ese hostel de Xian, que por 10€ parecía un auténtico resort.
– La detonación del pueblo Chino.
Cosas que no voy a echar de menos:
– Los escupitajos continuos
– Los gritos de los chinos
– La falta de educación en el tren u otras estancias cuando ponen el móvil sin auriculares y tienes que escuchar lo que quiera el tipo de turno.
– Los ruidos al sorber los noodles.
– Ver comer a la gente noodles y caldos en una estación a las 5am.
– Ver comer al dependiente de una tienda noodles mientras me cobra lo que he comprado.
– Que se me cuelen los chinos en una cola como si fueras un cristal transpayque no han visto.
– Que te empujen o retiren como si fueras un insecto para coger ellos su sitio en un bus, foto, sala de espera o cualquier otro lugar.
– El tipo del megáfono del tour que en medio del a montaña vocea para que todos los feligreses le escuchen y sigan.
– Las escaleras mecánicas en medio de la montaña.
– Los platos de comida con caldos extraños y pimientos super picantes.
China me ha parecido un país fascinante, con una historia muy interesante y que explica, en cierta manera, la determinación y resiliencia de este pueblo.
Si alguien lo quiere conocer, no se arrepentirá, con sus cosas buenas y malas, pero que venga preparado para aguantar la muchedumbre que seguro se agolpan a modo de tours en los lugares más turísticos.
Hasta la vista querida China.