Habia oido hablar sobre los criadores de renos, pero no tenia intencion de ir porque estaba lejos y el coste podria ser excesivo. Pero encontre a Sara.
Sali de UB en el bus a Moron. 12 horas. habia comido algo en la propia estacion Dragon Station, y esta a preparado para coger el bus. En el momento de ir a dejar la mochila en la bodega del bus fue cuando el conductor me ayudo y se puso a llamar por telefono a alguien. Mi sorpresa fue cuando a los pocos segundos me paso el telefono para que yo hablar por el. Para mi? Al otro lado una voz de mujer me hjablaba en ingles y me preguntaba si tenia ya una habitacion en Moron, ciudad previa al Lago Khosgvol que era el punto que queria visitar durante un par de dias 0o tres. Le dije a la mujer que no tenia nada reservado y que iba a lo que surgiera, asi que me pidio el numero de telefono para whasapear y durante el camino en bus tuvimos una peque;a conversacion. En ella, Sara, la mujer que hablaba al otro lado, me ofrecia su casa de invitados para pasar la noche. y como iba a llegar muy tarde tambien un taxi para que me llevara a su casa. Apanamos el precio y fui para alla.
En ese momento el viaje a ver a los criadores de renos no surgió en ningún momento.
Después de un par de paradas para cenar algo por el camino, llegamos a Morón sobre las 2am. Y allí con un cartelillo sobre una hoja de papel de un cuaderno cuadriculado apareció en entre de sara. Era el taxista de Sara ghest house que me había estado esperando hasta la madrugada hasta que yo llegara. Me llevo hasta la casa de Sara, y a pesar de que el camino no duró más d 5 minutos agradeci el viaje en taxi porque a esas horas por mongola y en inca ciudad pequeña como Moroon , solo puedes encontrarte perros poco amigables.
Cuando llegué, Sara estaba esperando en la puerta y subimos a su casa. Si, Sara ghesthouse, es realmente la casa de Sara y habilita una de las habitaciones para meter a algunos invitados. En este caso, esa habitación de invitados estaba ocupada por un taiwanés con el que al día siguiente compartiría viaje y día completo al lago khosvgol, así que Sara me había preparado el sofá de su apartamento para dormir allí. Suficiente para mí, estaba caliente y bajo techo así que ,que más se puede pedir.
Fue al día siguiente cuando al despertar, y después de que Sara me preparar algo de desayunar cuando surgió el viaje a la Taiga. Le comenté a mi anfitriona que que se podía hacer por la zona. Ella me preguntó si tenía más de 5 días para estar por allí y le dije que no tenía día de vuelta, lo que surgiera. Entonces me propuso unirme a un grupo de jóvenes que iniciaban al día siguiente un viaje por la Taiga en busca de los criadores de renos y que durante el día en el que estábamos podría ir al lago Khosgvol con el taiwanés, dormir allí, y unirme al grupo de jóvenes al día siguiente. La idea me pareció fantástica pero no sabía el precio que podría suponer todo eso.
Loa tours en Mongolia no son baratos, pero el precio de Sara para los 5 días de expedición más el día en el lago khosvgol estaban dentro de mi presupuesto de 50€ dia, así que adelante con el viaje!
Y así fue como una hora después, el taiwanés, Charlie como quería que le llamara, y yo partimos en coche con un conductor que nos proporcionaba Sara.
El lago es un de las joyas de Mongolia, le llaman la perla azul y es un lugar bastante turístico. Al igual que en el parque Gorkhi Terelj, los campamentos de vera y las cabañas de madera se encadenaban a lo largo de la orilla del lago donde Charlie y yo caminamos durante unos 5 o 6
km. El lago tiene una longitud de más de 100km de largo y se puede recorrer en un viaje en barco que te deja en la otra pinta del lago, a poco km con la frontera co Rusia.
Charlie es un taiwanés muy amigable con el que compartí una cabaña en uno de los campamentos fantasma del pueblo de Kahal a orillas del lago. Y digo fantasma porque por el pueblo y los campamentos no se veía ni un alma, quizá porque en esas latitudes el frío en esta época empieza a reducir el turismo o bien por una enfermedad que estaba empezando a propagarse por una plaga de marmotas que estaban invadiendo la provincia de Moroon, el caso es que por allí no estaba ni los dueños de los campamentos.
Después de una buena cena en el, posiblemente, único restaurante abierto, por llamarlo d alguna manera, volvimos a nuestro campamento para recibir una ducha aunque fuera con agua helada. Esa sería la última ducha en 5 días. Es lo que tiene la Taiga.
Al día siguiente, después del desayuno, me despedí de la buena compañía de Charlie y otro conductor me llevo a un pintor de la carretera que une Moroon con el lago para unirme a la expedición hacia la Taiga con el grupo de jóvenes.
Hicimos el intercambio de mochila del coche-taxi al camión soviético que nos llevaría durante 8 horas por las onduladas pistas de tierra hasta otro lago, Tsagaan Nuur.
Al entrar al camión, una voz con acento británico me daba la bienvenida: «welcome to the trip». Era Billy, de Inglaterra que me presentó al resto de integrantes del grupo y que ya se conocían de antemano de tros viajes en los que coincidieron. Está gente lleva viajando 10 años fuera de casa, trabajando donde pillan y recorriendo el mundo. Sus edades no superaban los 30 pero sus anécdotas y experiencias superaban con creces las de cualquier otro mortal. Los otros dos miembros del grupo eran Jayde, de Canadá y Nico de California. Tres personajes muy parlanchines, alegres y dicharacheros que me recibieron con entusiasmo y me empezaron a preguntar para conocerme un poco más. Bueno para mí inglés oxidado en cuanto a hablar.
No puedo negarlo, el viaje es duro y en ocasiones muy duro. La carretera se pone fea en algunos tramos y eso hace que el mareo pueda sufrir en cualquier momento como así le ocurrió a Jayde y Nico porque iban de espaldas al sentido de la marcha. Pota interesante de ambos. Sin más comentarios.
Mención especial al conductor que no lo había dicho pero que era medio cojo y tenia que usar una muleta para andar cada vez que parábamos para descansar, comer o arreglar algo del camioncillo soviético. Un crack.
El camino de 8 horas ya hemos dicho que es duro, pero al mismo tiempo es muy bonito y vas pasando por ríos, extensas praderas, bosques y siempre con unas impresionantes montañas nevadas al fondo. Precioso.
Finalmente cuando llegamos al lago Tsagaan Nuur era de noche y la casa de invitados donde dormiríamos nos estaba esperando con la cena casi en la mesa. Una pasta con carne que nos supo a gloria, a unos más que a otros, después de ese estómago arrugado que llevábamos.
Al día siguiente, me desperté antes que mis compañeros y me fui a dar un rulo alrededor del lago, con la cámara siempre conmigo por si surge alguna foto.
Después me encontré con Billy y Nico que también salieron a caminar un rato antes del desayuno, otro plato similar al de la noche anterior y como iba a ser habitual durante el resto de días.
Nuestro conductor, que nos acompañaría todo el viaje nos esperaba. Después de un chequeo de pasaportes en el punto de control antes de entrar en la zona protegida continuamos durante un par de horas hará el punto donde cogeríamos los caballos. Todo organizado por Sara que evidentemente no era la primera vez. Está mujer tiene muchísimos contactos tanto en la Taiga, con las familias de renos, como en la propia ciudad de Moroon e incluso en UB. Cuando había algún problema: » Llama a Sara» y a los cinco minutos lo tenías arreglado.
Yo no estoy acostumbrado a montar en caballo y mucho menos durante largas jornadas de 3 o 4 horas. Estaba expectante, nervioso por el animal que me acompañaría durante la travesía.
Me tocó un caballo blanco que a la mínima que veía pradera o campo abierto, su instinto le hacía salir corriendo y tratar de ponerse al galope como así fuera durante varias ocasiones. A pesar de intentar frenarlo era imposible, prácticamente yo no lo controlaba, hacía lo que quería. Sólo al final de la travesía o decía mis comandos: «Chu», para correr, «Turru» para parar.
No estar acostumbrado a montar implica no saber sentarte bien en el caballo y eso me provocó buenas rozaduras en la parte final de la espalda, es decir, en el culo. La mayor parte del camino, el caballo va al trote y cuando llevas 4 horas, cada uno de esos botes pasa de ser gracioso a ser un dolor. Y no te digo las rodillas. Así que, ya estaba como loco por llegar al destino y descansar del caballo hasta el día siguiente.
Por fin llegamos a la pequeñísima primera comunidad que íbamos a visitar y digo pequeñísima porque solo había una familia de pastores de renos. Tres tepes, las tiendas de campaña indias que se nos vienen a la cabeza, formaban aquel pequeño poblado. Una para la familia con las hijas pequeñas, otra para los hijos mayores y otros invitados y una tercera un poco retirada para los forasteros que llegaban a versus modo de vida como nosotros.
Estos tour que llevan a los turistas a estas comunidades las ayudan a poder seguir criando renos y a continuar con la ancestral costumbre cada vez más difícil de conservar en un mundo en el que las generaciones jóvenes prefieren estudiar o ir a las comodidades de las grandes ciudades antes que aguantar ese duro clima y ese aislamiento remoto.
Impresiona ver a dos pequeñas niñas vivir en esas condiciones cuando estamos acostumbrados a una situación totalmente distinta, sobretodo cuando ves que no tienen ningún problema y que todo es juego y libertad.
Los renos no estaban cuando llegamos pero cuando ya estaba atardeciendo llegaron los 9 renos que tenía está gente. 9 bichos bien grandes sacados de una película infantil de Papá Noel con unos cuernos sorprendentemente suaves al tacto. Sus astas que crecen cada año, estan recubiertas de terciopelo hasta que esté de cae y deja visible el asta fuerte que todos conocemos y que les ayuda a cavar agujeros en la nieve o tierra y a defenderse en algunos casos de otros animales. Los cuatro miembros de la expedición teníamos la boca abierta al ver esos animales tan poco frecuentes en nuestras tierras, quizá la chica de Canadá había visto algunos pero los demás estamos perplejos. Eran animales dóciles y muy curiosos.
El día no podía terminar de mejor manera, fue una experiencia sobrecogedora.
Al día siguiente después de explorar un poco la zona donde estaba el poblado con un río cerca y con las montañas de la taiga de fondo, volvimos a coger los caballos para llegar a la otra comunidad, está mucho más grande y con unos 7 tepes, incluida la del chamán del pueblo que vivía con ellos y al que fuimos a visitar para que nos diera respuestas a nuestras inquietudes.
En esta comunidad, también ubicada al lado de un río, habría por lo menos 80 renos y ver cómo los pastores, montados a lomos de algunos de ellos, guiaban al resto de la manada río arriba en busca de nuevos pastos, fue otra experiencia única.
Los días se iban consumiendo rápidamente ante tanta emoción y nuevas experiencias y llegó el momento de coger los caballos por último para volver a un punto donde nuestro conductor del camión soviético nos devolvería a la ciudad de Moroon previo paso por otro pueblo para hacer noche antes.
La llegada a Moroon tendría sorpresa porque las autoridades habían decidido poner a la ciudad en cuarentena por la enfermedad que mencioné antes. Eso implicaba que nadie podía entrar ni salir de la ciudad. Que podíamos hacer… Llamar a Sara, ella lo arreglaría.
Pero la cosa estaba fea y no siquiera Sara fue capaz de saltarse el bloqueo.
Yo tenía que ir a coger el bus destino Ulán bator, pero el bus había dejado de ir estos días debido a la cuarentena te a en la ciudad así que, no hay bus.
Un coche más se quedó bloqueado detrás de nosotros, eran dos mongolas que habían ido a pasar unos días libres.sñ lago khosvgol y volvían a Ulán bator. Salieron del coche y nos preguntaron qué estaba pasando. Les contamos la situación y una de ellas se fue a hablar con el policía del control de carretera. Volvió y nos dijo que solo se podía atravesar la ciudad sin pararse en ella, así que ellas si que podían volver a Ulán bator, el mismo destino que yo. Mi única oportunidad era intentar irme con ellas, así que la pare antes de meterse en el coche y le dije si podrían llevarme hasta la capital. Se miraron, dudaron durante un tiempo y después de hacer algún comentario me hicieron la señal que pa dentro. Yujuuu, tengo transporte de vuelta. Nada más y nada menos que 10h en el coche hasta Ulán Bator con estas dos chicas por una carretera asfaltada pero en condiciones lamentables. Llegamos a las 2am. Qué viaje! Era poner un final épico a un viaje que siempre quedará guardado en mi memoria.