Mapa de la zona
Crónica
Tierra de Mordor! Una vez más, íbamos a pasar por uno de los puntos emblemáticos de la película del Señor de los Anillos, Mordor, concretamente el monte de destino donde Sauron vigila con su ojo toda la Tierra Media y donde nuestro intrépido Frodo debe lanzar el anillo a la lava del volcán para ser destruido. Afortunadamente, los orcos no estuvieron en este treking espectacular que puedes realizar a lo largo de los volcanes y las lagunas del parque Nacional Tongariro, aunque como podéis imaginar...
Tierra de Mordor! Una vez más, íbamos a pasar por uno de los puntos emblemáticos de la película del Señor de los Anillos, Mordor, concretamente el monte de destino donde Sauron vigila con su ojo toda la Tierra Media y donde nuestro intrépido Frodo debe lanzar el anillo a la lava del volcán para ser destruido.
Afortunadamente, los orcos no estuvieron en este treking espectacular que puedes realizar a lo largo de los volcanes y las lagunas del parque Nacional Tongariro, aunque como podéis imaginar me topé con otro tipo de orcos, incluso más desagradables que los de la película.
Pero no sólo de las áridas montañas y volcanes que hay en la zona vive este parque nacional, sino que tiene también unas cascadas y zonas boscosas muy impresionantes. De hecho, una día antes de hacer el treking, y con motivo de que el clima no era el adecuado para subir a las crestas de los volcanes por los que pasan ese circuito y que por tanto tuve que prolongar mi estancia allí, hice otra caminata por una cascada cerquita del la aldea National Park. Parecía que iba a ser un día tranquilo, y se volvió a poner la cosa sería con u un descenso espectacular a los pies de una cascada de 20 metros de altura por la que poca gente apuesta y que gracias a ello, pudimos disfrutar en solitario.
El camino hasta los miradores está mantenido es más, las autoridades agradecen que lo mantengamos entre todos, y es que a lo largo del camino, ponen a disposición de los usuarios cubos con grava para que los lleves al siguiente punto y allí, el personal de mantenimiento del parque Esparza esa grava por el sendero para evitar que crezca más maleza y no podamos pasarlo. Yo contribuí con dos viajes de transporte de cubos. Joder como pesaban los dichosos cubos de grava, cuando los deposite en la zona habilitada tenía los brazos que me llegaban al suelo. Se me habían alargado! Anécdotas a parte, una vez que termina el camino oficial, en los miradores, empieza una bajada a bosque a través marcada por unas pequeñas señales naranjas clavadas en el tronco de los árboles. La bajada la hice bien, y además iba mirando hacia atrás para asegurarme de que también hubiera señales en el xa.ino de ascenso. Todo correcto. Llegué al pie de la cascada, no sin llevarme algún culetazo por el barrizal de la zona tan húmeda, y me puse bien calado del agua que rezumaba el potente chorro que caía a una altura de unos 20 metros. La verdad que estar en momento así, tú sólo en frente de una naturaleza tan salvaje y auténtica te deja sobrecogido y te hace tener más cuidado cada día por el precioso planeta en el que tenemos la suerte de vivir. Y si no que se lo digan a esos seres que seguro existen a miles de años luz de nuestra civilización sobre planetas medio congelados donde la temperatura exterior es de -100 grados y carecen prácticamente de vegetación y de vida.
Total que me dispuse a subir y por tanto desandar el camino que había tomado. El bosque, cuando pierdes referencias se convierte en un laberinto del que es difícil salir. Y en un momento dado perdí toda referencia de las malditas señales naranjas. Donde diablos está la señora naranja? Por dónde tiro? No puede estar muy lejos! Y cometí el error de empezar a buscar perdiendo también la referencia de la ultima señal que me había llevado hasta ese punto. Ostia, ahora sí que la hemos liado. No podía estar muy lejos pero aún así los nervios empiezan a lanzar señales al cerebro y la adrenalina pega un subidón. Joder que me he perdido. Aquí en medio de un bosque por donde no pasa ni Dios y de la manera más estúpida.
Calma.
Lo peor que se puede hacer es perder los papeles, solo hace que incrementar el número de estupideces por segundo. Vamos a mirar el mapa del móvil, a ver si me ubica con cierta precisión e intentamos retomar el camino que en la aplicación de móvil sí que aparece.
Efectivamente me ubicaba bastante cerca del camino que marcaba la app que debía seguir, asi que apunte en la dirección más próxima para interceptar el camino y bosque a través me fui abriendo paso entre maleza, troncos y menos mal que no animales, hasta encontrar lo que parecían rastros de pisadas. Allí volví a otear la zona y encontré por fin una señal naranja que me permitia seguir camino arriba hasta los miradores donde ya el camino es muy marcado por la grava del suelo. Prueba superada y adrenalina vuelta a sus niveles habituales. Siuuuuuuuui.
Antes de contar la experiencia del treking hay que decir que estuve alojado en el hostel National Park Backpackers y que allí conocí a varios personajes interesantes, con los que estreché algún lazo. De hecho con unos de ellos, Alan, de argentina,e llevo en su coche hasta el próximo destino en Taupo y volví a coincidir con él en Rotorua. Grande ese argentino, loco de Boca Juniors, con el que comparti bonitos recuerdos y con el que hemos quedado de vernos o bien en Madrid o en Buenos Aires de donde es originario.
Ahora sí podemos contar esa experiencia apasionante que fue el Tongariro Alpine Crossing, una ruta de 20 kilómetros, con un nivel de exigencia que según todas las lecturas le ponían en nivel muy alto y que su fama mundial hacía que estuviera siempre hasta la bandera.
Realmente el camino es duro pero no extremadamente duro como todo el mundo indicaba, o por lo menos a mi no me lo pareció aunque también es cierto que llevo tantos kilómetros en las piernas que ya todo me parece una bajada sin frenos. Piernas de hierro si tienen ya a estas alturas de camino.
Kilómetros y durezas a parte, el camino es para quedarse boquiabierto, y es que vas pasando por zonas que bien pudieran parecer nuestro vecino el planeta rojo, subiendo cuestas de piedras hasta llegar a la cresta de un volcán para rodearlo y bajar medio derrapando por la ladera de éste con unas vistas a unas lagunas de azufre cuyos colores superan los que pudiera haber imaginado. Todo ello en un día despejado, con una claridad total y una temperatura muy apta para ese tipo de caminatas. Una vez que pasas las lagunas, te encuentras un lago azul de agua fresca y el inicio de la bajada con los grandes lagos de Rotoiea y Taupo al fondo. Pero muy al fondo porque estás muy alto.
Y como en toda montaña alta donde la vegetación no existe el camino se convierte en polvoriento y si el sol aprieta, como fue el caso, en estenuante. Lo bueno es que a medida que vas bajando y pierdes altura, empiezas a encontrar algo de vegetación y finalmente entras en un bosque frondosos en el que te encutras una cascada. Un contraste de entornos que hacen que tú cabeza se vuelva loca preguntando qué ha pasado hoy aquí.
Un shuttle bus de vuelta me volvía a dejar en la aldea de National Park, ya que el circuito no es un lazo sino que tiene un punto de entrada y otro de salida, lejos de cualquier punto habitable. Aquí es donde aparece el negocio y los shuttle bus de la zona hacen su caja.
Día para el recuerdo como uno de los mejores treking realizados no solo durante este viaje sino cualquiera de los que hice anteriormente.