La llegada a UB fue emocionante, desde el cielo solo se veían praderas y alguna montaña, ni rastro de las ciudades de donde veníamos que desde el cielo parecían fichas de dominó que en cualquier momento podrían caer. Aquí nada de eso.
Lo primero que hice fue comprar una Sim para el móvil, aquí es necesario tener comunicación para cualquier situación que puede surgir. No es muy caro por 40000 tugroks, unos 10 euros, tienes 15gb durante 20 días, suficiente.
Al salir del aeropuerto y montado en el shuttel bus que te lleva a ala ciudad, es cuando realmente te das cuenta el país al que has llegado. Praderas infinitas con caballos correteando a sus anchas y pequeñas gers, tiendas de campaña mongolas, esparcidas por el campo.
Lo que no sabía era el tráfico caótico que tiene UB. Para hacer un trayecto de 15km estuvimos 2 horas. No hay exageración , fueron 2 horas de reloj. Y es que la ciudad ha crecido mucho en el número de coches y entre esa nueva población que está llegando cada vez.mas a la capital y que las infraestructuras no están preparadas para asumir tantos coches, se forman embotellamientos difíciles de solucionar. El transporte público también se ve afectado porque los mongoles no son precisamente muy respetuosos con las señales del tráfico. Hay un metro pero poco útil y practico y la gente coge el bus, que a pesar de tener un carril bus habilitado, como decía las señales de trafico no son respetadas por los mongoles por lo que el bus sufre el colapso como uno más.
Llegué al final sobre las 19.30 al hostel que estaba muy bien ubicado y salí a cenar algo por la ciudad. Te iba dinero mongol, datos en el móvil y salud, ¿Qué más se podía pedir? Y estaba en Mongolia!
la idea era pasar un día en la propia ciudad y otro en la estatua monumento a Gengis Khan, así que el primer día estuve pateando la ciudad de arriba abajo viendo los cuatro o cinco puntos destacados. En general la ciudad no tiene gran cosa que ver pero sí de disfrutar del bullicioso ambiente de las calles que rodean a la plaza principal y por qué no del caos que supone tanto coche, ruidos, aceras a medio hacer, o de repente cer un super río atravesando la ciudad.
La gente evita el transporte público y el coche y por ello las aceras están plagadas de bicis y patines eléctricos. Tanto es así que a veces tienes serios problemas para caminar por las aceras ya que muchos mongoles van como locos con sus vehículos eléctricos por donde pasean los peatones. El caos también está en las aceras. Pero eso forma parte del encanto de la ciudad.
Me sorprendió también la gran influencia coreana en la ciudad. Hay muchos restaurantes coreanos, mucha influencia de la forma de vestir de los jóvenes coreanos en la sociedad mongola. Al parecer estoy se debe por la influencia que ha tenido Corea del Sur en este país. Primero porque lo mongoles conquistaron Corea tiempo atrás y en vez de imponer su cultura, quedaron prendidos de la cultura coreana. Segundo porque hay muchos mongoles trabajando en Corea y tercero por las inversiones económicas que está haciendo el país surcoreano en éstas tierras. Todo ello hace que corea esté presente en la sociedad mongola.
El segundo día lo dediqué a visitar el complejo ecuestre a Gengis Khan, que está a 55km de la ciudad. Llegar hasta allí, como cualquiera otro sitio de Mongolia harto complicado. Los transportes no son frecuentes y como es muchos casos puede que ni haya un bus que te lleve a ese lugar, así que o bien es con un tour, o bien con un taxi privado que si tienes suerte puedes compartir, o con tu propio vehículo.
Esa última opción fue mi caso, ya que estuve viendo la posibilidad de alquilar una moto por unos días y recorrer, además de la estatua de Gengis Khan, el parque de Gorki Terelj. Había visto en Internet un pequeño propietario que alquilaba motos a precios muy asequibles, y a pesar de que estaba retirado de la ciudad, fui a echar un vistazo.
De camino a este sitio, me encontré a un compadre cubano, Jorge, que desde el primer momento que vio comprando en la tienda de conveniencia supo que era español y que iba a necesitar ayuda con el idioma.
Este chaval, instalado ya en Mongolia desde hace 7 años y casado con una mongola, sabía el idioma perfectamente y como moverse por la ciudad. Me ofreció todo tipo de ayuda desde que me vio y salió a relucir la hospitalidad y la buena gente del pueblo cubano.
Con él, en su coche, llegué a la casa donde Irsk, el dueño de las motos tenía su «tienda». La zona estaba a las afueras y se veía la pobreza enel tipo den casas y sus accesos, las ropas de los chicos y el estado de la carretera. Pero allí, donde parecía que no iba a haber nada, estaba el ger de Irsk con sus 5 motos.
Jorge me ayudó a mantener una conversación con Irsk, un chaval muy agradable y educado. Y entre los tres decidimos la moto, el precio y los días que la iba a alquilar. Al final fueron tres días a razón de 18$ día, buen precio y buenas motos me decía Jorge que es mecánico de Toyota, y trabaja en un taller de UB y conocía bien el sector.
Así que nada con mi moto y una pequeña mochila fui a pasar el día al complejo ecuestre de Gengis Khan y sus alrededores. Hacía tiempo que no montaba en moto y al principio me encontraba extraño y poco ágil pero poco a poco y sobretodo obligado a estar muy pendiente por las condiciones del tráfico y de la manera de conducir de los mongoles me puse las pilas y me fui sintiendo con más confianza.
Me llevó una hora y algo llegar hasta la estatua. Sólo salir de la ciudad me llevo unos 40 minutos, insufrible y después por carretera asfaltada aunque en un estado muy deteriorado, llegué al complejo.
La verdad que la primera vez que ves la estatua impresiona su tamaño. Es un mazacote de 40 metros de alto en acero inoxidable y ponerse a sus país quedas reducido a un pequeño mortal que pueda ser aplastado porcel gigante Gengis Khan. Di varias vueltas alrededor de la estatua para verla desde diferentes ángulos, lo que no hice es subir, que también se puede. Además de la estatua, hay algunas atracciones por allí para el reclamo del turista, a saber, tiro con arco, paseo a caballo y sujetar un halcón. Esa última es la que hice yo y pide comprobar el peso que tenía ese bicho sobre mi brazo. El tamaño era descomunal para ser un ave y en algún momento imaginé que dado mi peso, el animal podría llevarme por los aires a modo de presa. Jajajaja.
Con la moto tienes la libertad de recorrer casi cualquier sitio así que me acerque con ella a un pequeño que había cerca aunque para llegar había que meterse por pistas de tierra un tanto delicadas.
La vuelta fue muy bien, ya tenía soltura con la moto y el viaje fue divertido.