Mapa de la zona
Crónica
Después de las aventuras por la Taiga que más se podía pedir… Pues sí, se puede pedir más y seguir disfrutando de este apasionante país. Como os conté en la crónica de la Taiga, llegué a UB sobre las 2am y tenía que encontrar el hostel que había reservado por el camino. Era la tercera planta de un antiguo edificio que daba a una avenida principal pero que había que entrar por la parte de atrás. Entré en el portal correspondiente pero allí no se oía rastro de gente. En la entrada ponía que ...
Después de las aventuras por la Taiga que más se podía pedir… Pues sí, se puede pedir más y seguir disfrutando de este apasionante país.
Como os conté en la crónica de la Taiga, llegué a UB sobre las 2am y tenía que encontrar el hostel que había reservado por el camino. Era la tercera planta de un antiguo edificio que daba a una avenida principal pero que había que entrar por la parte de atrás. Entré en el portal correspondiente pero allí no se oía rastro de gente. En la entrada ponía que el hostel estaba en la tercera planta , pero las dos puertas del rellano de cada planta estaban cerradas a cal y canto, y por allí no se oía nada. No había ningún cartel indicando que aquello fuera un hostel, así que volví a bajar a la entrada y pulse el 14B en un pequeño telefonillo de la puerta principal que es lo que decía un cartel en la fachada del edificio. Después de unos segundos sonó el típico sonido de apertura de puertas de una vivienda, aunque no hacía falta porque la puerta ya estaba abierta. Aún así era buena señal igual alguien me ha abierto desde alguna casa y saldría a recibirme. Así fue, en la tercera planta una de las puertas que antes estaba totalmente cerrada, ahora se oía como alguien corría los cerrojos y se disponía abrir. Muy soñoliento, el dueño del hostel salió a recibirme y entre bostezos me enseñó las dependencias, la ducha y el baño y cuál era mi cama dentro del dormitorio compartido.
Estaba como loco por echarme en la cama y dormir porque después de 10 horas de coche y otra hora más con la mochila andando de madrugada hasta el hostel estaba muy cansado. Fue echar la oreja en la almohada y un ronquido de oso me dio la bienvenida al cuarto, como diciendo lo tienes claro si quieres dormir. Pero bueno, es lo que tienen los hostel.
Al día siguiente, con pocas horas de sueño, decidí salir de allí y marchar a la zona central de Mongolia. Más concretamente coger un bus desde UB a Kharkorin, la antigua capital del enorme imperio mongol. El bus salia a las 11am así que tenía tiempo de desayunar tranquilamente e incluso ir andando a la Dragon Station, estación principal de buses de UB. Por el camino, unas mandarinas y un par de plátanos para amenizar el viaje en un puestecillos callejero. Llegaba bien, aunque sin exceso de tiempo a la estación y pide a la cola para sacar el billete. Larga cola, y mucho tiempo entre viajero y viajero, que yo pensaba… ya verás como al final con la tontería no llego y hasta mañana no hay otro bus, y gracias. Me tocó. Me pongo a decirle que quiero ir a Kharkorin y me hace la señal de la cruz, típica señal que te hace en estos países para indicar que no hay forma, que imposible. Entre gestos la muchacha del mostrador me dice que es en otro edificios más lejos, en la antigua estación de bus! No puede ser, Google me decía que tenía 30 minutos andando. Y eran las 10.40h, no llego. Salí de la estación me abroché la mochila fuerte a la cadera y me puse a correr con ella detrás y con la pequeña delante. Un cuadro. Pero finalmente y tras un esfuerzo titánico llegaba a la antigua estación a las 10.55 tiempo suficiente para sacar el billete, no había nadie, y entrar en el bus. Ahora a descansar 5 horas.
Viaje tranquilo a la antigua capital del imperio en un bus decente como los que tiene la red de transportes de UB aunque por una deficiente carretera una vez más. Asfaltada, pero pobre.
Al llegar, no tenía nada reservado y esperaba en entrar gente que me ofreciera sus casa de invitados. La verdad no había mucha y a la que salía de lo que llaman estación de buses de Kharkorin, un coche me siguió durante unos segundos y me ofreció su casa de invitados y la posibilidad de transporte a los sitios más destacados de la zona: Red waterfall y Hoy spring de Tsherken. Interesante, así que ante tan poca oferta acepte y le dije que del precio de los transportes hablaríamos luego. Esa tarde la aproveché para hablar con la familia y hacer alguna video llamada.
Resulta que había dos chicas alemanas muy jovencitas que querían también hacer el viaje dea cascada y las aguas termales, así que hablando con Ghada, el dueño del mini campamento, negociamos un precio que nos convenció a todos. Siempre dentro del presupuesto planificado.
La ruta eran dos días con sus dos noches con todas las comidas y las entradas pagadas así que era una oferta que había que aceptar.
Salimos a las mañana siguiente sobre las 9h y una vez más para llegar a nuestro estos sitios el camino se hace largo y pesado porque hay que ir campo a través sobre pistas de tierra, y 200km se convirtieron en 4 horas con una parada para comer en medio de la estepa. Allí, Ghada nos preparo unos espaguetis con carne muy buenos y continuamos el viaje hasta la cascada, a la que llegamos sobre las 16h o así. Yo tenía mis dudas si ésta llevaría mucha agua o no, pero al verla mis dudas se despejaron y si bien es cierto que no está en su mayor caudal, el flujo de agua era muy bueno y hacía que las cascada tuviera un aspecto potente. Bajamos a pie de cascada a mojarnos los pies en un agua muy muy fría y Ghada nos decís que en invierno, el agua está congelada y la cascada es un enorme pedazo de hielo. El entorno era espectacular y cumplió las expectativas con creces. Allí estuvimos con los pies en remojo el que podía aguantar tanto tiempo con los pies de tro de un agua tan fría y mientras Ghada fue a por los caballos para dar un rulo por la zona. Yo ya tenía bastantes caballos de los días precios así que me fui en unos pero directamente al campamento sin hacer más florituras.
En el campamento, la familia que lo llevaban nos invitó a su ger a tomar leche y yogur de yak así que no podíamos decir que no. Lástima que no pudiéramos hablar mucho con ellos más que las cuatro cosas básicas por la barrera del idioma. Mientras nosotros tomábamos el yogur de yak, la señora preparaba la cena para la familia cortando unos trozos de carne, posiblemente también de yak, con un hacha bien afilada. Se la veía con soltura en el manejo del hacha. Como para decirle que no a su ofrecimiento de yogur. Me lo tomé enterito. Estaba bueno.
Otro día espectacular al que ponía cierre con un pequeño paseo en solitario río arriba en busca desd.parsjes inolvidables y puestas de sol bucólicas. Bonito lugar y un frío muy interesante que dentro del her hizo que dormir fuera muy complicado.
Al día siguiente, había que hacerse otras 4 horas de coche para llegar a las aguas termales y realizar una especie de triángulo que conectaba Kharkorin, la cascada y las aguas termales. Según Ghada parecía que iba a nevar y que iba a ser un bonito día para pasar dentro de las aguas termales, pero antes había que hacerse 4 horas en coche con baches y otras inclemencias.
La primera surgió cuando el coche tuvo que atravesar el barrizal de un zona, Haciendo contra volantes Ghada intento salir del atolladero pero fue inútil, el coche se queda enclavado. Así que puertiman al rescate. Me puse en la parte de atrás y con todas mis fuerAs mientras Ghada aclaraba intentamos sacar el coche. A la primera no hubo manera, pero tras tomar aire, a la segunda el coche agarro tierra seca y salimos adelante. Siiuuuuuu.
La siguiente fue cuando Ghada quiso parar para hacer otro picnic pero el tiempo estaba feo, llovía, hacía rachas de viento, así era imposible hacer ninguna comida. Así que al pasar por una zona de dos o tres gers de familias nómadas, Ghada eligió una y fue hacia ella. La mujer de la casa estaba fuera bajo un tiempo de perros haciendo labores del campo, Ghada paró el coche y bajó la ventanilla. Mantuvieron una breve conversación en mongol y a los pocos segundo nos dijo que nos bajáramos que comeríamos en el ger de la señora, con su familia.
Mientras nosotros bajábamos y nos metíamos en el ger, Ghada sacaba los utensilios y nuestro comida para hacerla dentro del ger de la familia nómadas y compartirla con ellos. Al entrar en el ger, un olor fuerte a animal se apoderó de mi nariz y una sensación sobrecogedora de mi estómago. Ver los barreños llenos de leche, las pilas de leña, las fotos de los antepasados, y por supuesto al gran Gengis Khan en un cuadro me hizo ver que aquello era la auténtica vida nómada, ni trampa ni cartón, no tours con circo, no atrezzos. Era real, como la vida misma de esos cuatro pequeños que allí estaban con su padre tirado en uno de los bancos y su abuelo. Nos contaba Ghada, después de hablar con la señora que parecía que era la que llevaba la voz cantante, que el padre acababa de llegar del campo, después de estar 7 días con los caballos dándoles de comer y demás necesidades. Y el hombre estaba allí tirado intentando descansar amen de los forasteros que acababan de romper su paz. La mujer de la casa empezó a ofrecernos yogur de yak, quesos, otras partes del yak que no recuerdo, te de yak, etc. Y además quito de la lumbre lo que estaba haciendo para dejar hueco para que Ghada calentara la comida que íbamos a comer y que por supuesto compartiríamos con ellos.
Me surgió la necesidad de grabar aquella situación y ponerla en las clases a modo de auténtica situación de aprendizaje para los alumnos del cole pero algo por dentro me hizo regular y no sacar ninguna cámara. En cualquier caso, si que le dije a Ghada que le preguntara a la mujer si los chicos iban al colegio. Me dijo que sí, que hoy estaban en el ger porque era domingo pero entre diario están en un colegio interno recibiendo la educación propia de su edad que eran 9 años. Eso me alegró y también hizo ver lo duro que tiene que ser para un niño estar interno en un colegio de lunes a viernes lejos de tu familia y solo poder disfrutar de ellos un par de días.
Allí comimos todos, aunque nuestra comida tampoco ed que fuera la mejor que habían probado nunca, de hecho los pequeños la rechazaron tras probar un sabor fuerte a pimientos y especias que había utilizado Ghada para acompañar un plato de carne picada con verduras.
Salimos de allí con una sensación de hospitalidad muy grande y de lo duro que es la vida nómada. Nosotros seguimos con nuestra vida de placeres y comodidades y ellos se quedaban allí con sus caballos y si vida rural.
El final del viaje era las aguas termales de Tsenkher, con cierto turismo aunque pudimos disfrutar de una poza de agua muy caliente proveniente del suelo volcánico de la zona para nosotros solos.
Finalmente, otras dos horas de coche de vuelta bajo un cielo entre nublado y soleado que dejaba un precioso arco iris por el que parecía que cruzaríamos con el coche. Un cierre de día especial para un viaje por el Valle de Orkhon muy especial.