Mapa de la zona
Crónica
Estamos ante el Queenstown de Laos, es decir, el parque de atracciones donde se reúnen todas las actividades de riesgo y no tanto que te puedas imaginar, a saber: rafting. globo, parapente con motor, tubing por el río, Buggy por las pistas de tierra, elefantes, cuevas, etc, etc. Eso implica una afluencia de público muy fluida durante toda la temporada alta que es en la que estamos, dando como resultado, una ciudad con mucha gente, pero una ciudad bonita y que es fácil separse del turismo masific...
Estamos ante el Queenstown de Laos, es decir, el parque de atracciones donde se reúnen todas las actividades de riesgo y no tanto que te puedas imaginar, a saber: rafting. globo, parapente con motor, tubing por el río, Buggy por las pistas de tierra, elefantes, cuevas, etc, etc.
Eso implica una afluencia de público muy fluida durante toda la temporada alta que es en la que estamos, dando como resultado, una ciudad con mucha gente, pero una ciudad bonita y que es fácil separse del turismo masificado. Al igual que las demás ciudades de Laos, incluso de Tailandia, está ciudad también tiene varios Night Market donde comprar comida o ropa.
El Hostel en el que me alojaba tenía piscina y la utilice el primer día que llegué. Serían las 14h cuando estaba tumbado en una de las.hamacas del hostel intentando digerir el tremendo viaje de unas 6 horas que acababa de hacer desde Luang Prabang. Que carreteras más infames tiene Laos. Y no hablamos de carreteras entre aldeas, hablamos de la carretera nacional que recorre todo el país con un tráfico muy denso sobretodo de camiones. Horrible los baches, socavones y estado lamentablemente. Pobre gente tener que moverse por estas carreteras todos los días.
Además del viaje horrible en una mini van de 20 personas, el dolor de cabeza que se me había puesto la noche anterior con motivo de los rugidos de mi vecino de habitación del hostel que no me dejó pegar ojo, hicieron que llegara al hostel de vang Vieng medio grogi. El baño en la piscina me dio una tregua y me permitió incluso salir a dar una vuelta para ver el atardecer desde el río.
En estos viajes es bastante habitual irse encontrando con gente con la que has compartido hostel o transporte en días o incluso semana anteriores. Y por mi hostel mi a varios personajes con los que había compartido el Slow boat desde la frontera con Tailandia hasta Luang Prabang. Unos saludos y poco más. No soy hombre de ir a buscar compañia, prefiero moverme en solitario.
Como os decía, aquí hay miles de actividades que hacer y por tanto, las agencias de turismo que ofertan tours están por todos lados. Incluso los hostel tiene miles de paquetes que te ofertan actividades para que estés todo el día haciendo cosas. Ya os lo he dicho, yo voy en solitario, así que bicicleta o moto y a explorar.
Aquí lo más popilar son las lagunas. Pozas o piscinas naturales con agua azul turquesa, bastante fría donde puedes relajarte todo el día o hacer el cabra saltando de los trampolines que los laoenses ponen para el disfrute de los bañistas. Cogí una bicicleta y recorrí las lagunas más bonitas, pero realmente lo que más me gustó fueron las visitas por las aldeas. Al com la bicicleta vas despacio y puedes interactuar con los pequeños que realmente son ellos los curiosos que te paran y te quieren saludar. El primer grupo con el que me paré estaba e .edio de la calle de una de las aldeas por las que pasé jugando a la peonza. Paré la bici, me puse a su lado a ver cómo tiraban y rápidamente me empezaron a decir «Hello hello», y los gestos de que lo intentará yo. Si luego de peonzas era parecido al nuestro pero sus peones eran más arcaicos, muy artesanales, no con esas formas curvas que tenían los nuestros y que terminaban como en una especie de tapadera con un pitocho donde amarrar la cuerda con la que hacerlo girar. Aquí el peón era un trozo mazizo de madera en forma de cilindro y terminado en punta como un lápiz. Para hacerlo girar los niños tenían una cuerda de plástico que sus padres le habrían hecho a partir de bolsas de pñastico y luego esa cuerda estaba enganchada a un palo. Para hacerlo girar tenías que lanzar la especie de peon y luego tirar del palo donde estaba enganchada la cuerda hacia ti en el sentido contrario donde habías lanzado el peón. En primer intento el peón salió volando si giro alguno. Al cuarto o quinto intento conseguí hacer girar el peón e instintivamente me salió el salto y grito del Bicho «siiuuuuuuu». Al verme hacer el sonido legendario de uno de los mejores jugadores de las historia del fútbol, los niños me imitaban porque sabían perfectamente de quien estábamos hablando. A partir de ahí empezaron a imitar celebraciones de otros jugadores como Neymar o Mbape. Algunos enanos decían algo de Messi. Y es que a pesar de estar tan lejos del mundo occidental, la influencia de estos jugadores llega a cualquier rincón del mundo por remoto que sea. Increíble.
Pasé el dia de laguna en laguna, es decir de baño en baño y finalmente me pegué una buena paliza para subir a ver el atardecer en uno de los miradores más altos de la zona. Después de unos 40 km en la bici la subida se me hizo muy dura pero la recompensa de ver la zona desde esas alturas mereció la pena.
A la que baje y me fui volviendo para el pueblo, me encontré con otro grupo de pequeños que jugaban al fútbol en una especie de era al lado de la carretera por donde pasan un montón de coches. Me paré, me bajé de la bici, la tiré en el suelo y les dije por señas que si podía jugar. Tendrían 8 o 10 años, rápidamente todos querían que fuera en su equipo y me puse a jugar sin saber muy bien con quién iba. Las porterías eran las zapatillas. jugaban descalzos sobre la era de tierra, mientras al fondo a escasos metros los padres o quién fuera quemaban unos rastrojos. Entre el humo de la quema y el polvo de era se veía más bien poco pero ellos jugaban como si fuera un campo de la Champions. Colgué un par de bolas pero no hubo rematador y finalmente nos hicimos una foto de plantilla que ya quedará para el recuerdo. Una vez más me despedí con el grito del Bicho al que todos me correspondieron de la misma manera. Y miemtras cogía la bici y me iba yendo, miraba para atrás y les veía como seguían haciendo el grito de Ronaldo. Ojala está gente supiera hasta donde son capaces de llegar sus gestos, comentarios y actitudes.
Vang Vieng a pesar del gentío que te puedes encontrar, te va atrapando porque puedes hacer mucha cosas por tu cuenta.
Mi segundo día lo dedicqué a la parte norte de la zona. Hice unas cuevas, que son actividades muy comunes es esta zona por la gran cantidad de ellas. Aqui, me dieron una linterna y venga pa dentro. En la cueva no había nadie y realmente me daba un poco de respeto porque te ponías a andar en la oscuridad, solo alumbrado por el pequeño foco que te daban y aquello no tenía fin. Vale que no había laberintos internos, y no había forma de perderse, sino no hubiera entrado, pero solo pensar que estás ahí solo en medio de una cueva en el más absoluto silencio, hace que en algunos momentos te entre el canguelo.
En general pasé unos días divertidos por la zona y curiosamente por las noches conocí a dos personas brasileñas, un chico la segunda noche y una chica la tercera. El primero a pesar de ser brasileño, estaba trabajando en Sydney de camionero, y la chica, era nómada y trabaja por video llamada haciendo terapias.
Los caminos deñ señor son inescrutables y te puedes encontrar cualquier cosa en el camino.