Salimos de la isla sur de Nueva Zelanda con esa doble sensación de nostalgia por dejarla atrás y de ilusión por conocer la isla norte. Y para dar ese salto de cambio de isla, un paseo en un gran ferry dura te casi 4 horas que atraviesa los brazos de la isla sur antes de cruzar el mar de Tasman y llegar a la isla Norte.
En Wellington pasé la noche vieja. Realmente poca cosa, fui a comprar la cena a mi supermercado New World y me di un homenaje, una vez más en éstas fechas, con un buen trozo de carne. Fue curioso ver cómo en el hostel , ese día la gente no te iba nada especial encima de sus platos, incluso me chocó mucho ver a un compañero que estaba haciéndose un bocadillo de alubias. Un compañero que al ver pasar mi filete, de abultadas medidas, se le iban los ojos con el plato, lo que me hizo pensar que su bocata de alubias no era lo que más le apetecía en ese momento.
Al terminar la cena, salí a dar una vuelta para ver el ambiente de la ciudad en un día como ese, fin de año. No creo que vaya a pasar a la historia la capital de nueva Zelanda por ser la que más ambiente tiene en fechas tan entrañables, eso sí, por lo menos había un concierto en la laguna del lake front, que duro hasta las 9.30pm luego hubo unos mini cohetes para los más pequeños antes de loque esperaba yo que fueran los cohetes de los adultos.
Jaja, vaya cohetes miserables que se marcaron las autoridades de Wellington en el día de fin de año. Duraron escasos 3 minutos y encima los tiraron de tan mala manera que el primero hizo un nube de humo que impidió la visión de los restantes.
El día siguiente fue un día fantasma en la ciudad, todo el mundo dormía. yo no porque me fui a dormir sobre las 1am y a las 7am ya estaba arriba, así que me di una vuelta por la ciudad y subo a un mirador muy chulo atravesando un bosque donde curiosamente se grabaron algunas escenas de la película del Señor de los Anillos. Concretamente, esa casi al principio de la película, cuando inician el viaje a Mordor, y en la que Frodo le dice a sus colegas de aventura que se salgan del camino porque un Nasgul le está persiguiendo. Debajo de un árbol se esconden y acurrucan los intrépidos aventureros y el Nasgul no les ve. Pues bien, ese árbol realmente no está ahí sino que es una recreación de la empresa Weta Workshop y que toma de referencia un árbol que hay a escasos 50 metros de ese punto. Al final te das cuenta que de la película a la realidad hay una gran distancia.
Está empresa Weta Workshop hace recreaciones impresionantes de cualquier cosa. y en concreto, en el museo de Wellington tienen una exposición de la batalla de Gallipoli que realmente me impresionó. Más allá de lo que fue la batalla, donde lucharon inglesus, australianos y neozelandesese contra el imperio otomano, lo impactante es la recreación de soldados del bando inglés de a una escala de 2.4. Realmente impresionante el detalle escrupuloso de cada una de las partes del cuerpo de ese soldado. Pelo, poros, ojos, gestos de la cara, barba y hasta el sudor y la sangre parecieran que brotará de aquel gigante inerte que parecía que en cualquier momento emitiría algún sonida o saldría corriendo. La verdad es que en los museos no paso mucho tiempo, pero está exposición me retuvo durante más de una hora.
Poco más en la entrada de un nuevo año en el que os deseo todo lo mejor.