Mapa de la zona
Crónica
Los vuelos desde Bukit Lawang a Jakarta se habían disparado de precio así que cambié de estrategia y fui directo a mi siguiente destino que era Yogiyakarta. Allí quería ver dos de los templos budistas más importantes de toda Indonesia y del mundo. De paso, alguna cascada como es habitual en este país. Yogiyakarta tiene la calle Malioboro como su principal activo turístico y es donde se concentran los comercios, restaurantes y hoteles. Allí también se reúnen carruajes y demás transportes para ofr...
Los vuelos desde Bukit Lawang a Jakarta se habían disparado de precio así que cambié de estrategia y fui directo a mi siguiente destino que era Yogiyakarta. Allí quería ver dos de los templos budistas más importantes de toda Indonesia y del mundo. De paso, alguna cascada como es habitual en este país.
Yogiyakarta tiene la calle Malioboro como su principal activo turístico y es donde se concentran los comercios, restaurantes y hoteles. Allí también se reúnen carruajes y demás transportes para ofrecerte una vuelta por el palacio del sultán y otros lugares históricos.
La verdadera joya de la corona de esta zona es el templo Prambadang y el templo Borobudur. El problema que tienen estos puntos turísticos es que el gobierno indoneso ha visto un filón de oro y ha puesto, desde hace pocos años acá, unos precios desorbitados para el nivel de vida indoneso. Aquí comer puede valerte unos 2-3€, dormir unos 7-10€ en una habitación privada, alquilar una moto todo el día unos 5€ y entrar en estos templos…. 25€! Salvajada que al final el turista paga porque se hace siempre la misma reflexión: «cómo no voy a ir si ya estoy aquí». Bueno pues yo fui a Prambadang pero no entré a verlo y recorrí los alrededores desde las vallas exteriores y luego me fui a otros templos a pocos kilómetros con la misma historia, no tan populares pero prácticamente gratis comparados con el precio del otro. Y el día fue estupendo, recorriendo campos de arroz y las aldeas aledañas a estos templos gratuitos. Al final del día subí a un mirador, el Spot Riyadi, desde el que se puede ver el volcán merapi y todos los campos de arroz así como las aldeas y los templos. La subida la hice en el asiento de atrás de una moto que un paisano me ofreció gratuitamente al ver que me disponía a subir tremenda cuesta hasta el mirador. Buena gente esta de indonesia, bonitas vistas y un bonito atardecer.
Al día siguiente, con una moto alquilada y al amanecer, me fui al templo de las estupas, el Borobudur, como a una hora desde mi hostel. Ahí si que pague los 25€ porque tenía ilusión de ver de cerca el templo budista reconocido mundialmente y ubicado sobre una colina, de ahí su nombre en indoneso (boro-budur, templo en la colina).
Al ser un punto muy caliente, pero mucho, turísticamente hablando, las autoridades locales, han tomado la buena decisión de restringir las visitas a un máximo de 1200 personas día por lo que en temporada alta, ya puedes tener los tickets planificados o te quedas sin verlo. Ahora, que es temporada media, no hay problema y lo saqué la noche anterior. Un guía te lleva por la estructura del templo, contando la historia de éste y recorriendo algunos de los niveles de la grandiosa estructura. La verdad es que es un lujo poder pisar estos lugares tan místicos e imaginarte cómo era la vida aquí hace muchos siglos atrás. Ese ejercicio de imaginación basada en los documentos que se tienen sobre aquella época, te remonta a un lugar super caótico, con olores y sonidos propios de aquellos tiempos, animales portando personas y ofrendas para el templo y en general una vida frenética alrededor de este punto vital. Como siempre la máquina del tiempo aquí vendría de maravilla para pasar unas horas recorriendo este enclave.
Después del templo, intenté ir a una cascada ubicada en el valle que forman dos volcanes imponentes en la java central donde me encontraba y que finalmente resultó estar medio abandonada y que las pocas lluvias de los días anteriores la tenían famélica de agua. Esas añoradas lluvias me vendrían horas después en forma de diluvio universal de camino a casa a lomos de mi moto alquilada. Pero eso lo contaré luego.
Antes, hay que destacar la vida en este valle y lo peligroso que puede ser, no vivir a pies de un volcán, sino de dos! Los pueblos en las laderas de este valle son preciosos, todos ellos con sus rigurosas mezquitas y sus plantaciones de tabaco y de te. Pasear con la moto por estos pueblos me convertía en un extraterrestre en planeta lejano, pero eso sí, un extraterrestre bien recibido en todo momento por los lugareños, que lejos de mostrar una cara reacia ante tal ser, le daban amables saludos incluso querían hacerse fotos con él.
El día estaba nublado, con algunos claros de vez en cuando que iluminaban los colores de los pueblos y de la montaña. Antes de que se ponga más feo me voy para el hostel me dije, pero me esperaba un viaje épico de vuelta en moto, que más que por carretera fue por el río.
A poco de coger la moto, casi como un detonante del diluvio, el cielo se puso negro y se abrieron unas compuertas que dejaban tal cantidad de agua y con tal virulencia que en poco minutos, las carreteras empezaron a anegarse. Ante tal situación, y en pantalón y camiseta corta, paré en el primer pueblo que pude a resguardarme de aquella tromba. Recordaba del día anterior cuando el dueño de la moto me contaba el ritual de como encenderla, donde estaba el depósito y cómo abrirlo, que bajo el asiento, había un chubasquero completo para piernas y cuerpo. Me vinieron de lujo, pero a pesar de estar preparado tenía cierto recelo de salir con la moto en esas condiciones. El problema es que estaba anocheciendo y todavía me quedaba una hora de camino.
Bien pertrechado de ropa, salí en dirección yogiyakarta con la esperanza de que en algún momento parase esa tremenda lluvia. Pero solo había empezado a diluviar. Me esperaba lo peor.
La visibilidad cada vez era mejor porque entró lo oscuro que se había puesto el día y la lluvia torrencial no te dejaban ver a más de 100 metros como mucho. A día de hoy podría decir que Indonesia es el país más difícil para la conducción de motos. La cantidad de trafico es brutal. Hay miles de motos de camiones y de coches que se mueven entre aldeas y grandes ciudades. Los camiones y los coches adelantan sin más al vehículo que tengan delante, de manera que si viene alguien de frente se tiene que echar a un lado pidiendo haber en un momento dado, en una carretera de dos carriles ida y vuelta, tres vehículos. Aquel día con tanta lluvia no era menos el tráfico y adelantar a los camiones que iban delante con su doble intermitencia para avisar de la baja velocidad y la dificultad de la carretera, se ponía difícil. Cada vez que un coche pasaba a tu lado y te adelantaba o se cruzaba en el carril contrario, era como recibir un cubo de agua entero sobre el cuerpo, ya que el agua se había acumulado en la carretera a modo de piscina. Así es muy difícil me decía. Toda mi concentración estaba en mantener la calma y en tener 10 ojos para esquivar los coches y motos que en algunos casos parecían ajenos a tal diluvio.
La carretera parecía un río con rápidos donde había que mirar bien por donde llevar la moto para evitar meterla en demasiada agua, tenía miedo a que entrara agua en el motor y quedará inutilizada. Y en una de estas, cuando yo iba por el medio de mi carril para evitar las acequias de agua desbordadas del lado izquierdo (aquí se conduce por este lado), veía como un camión en el carril contrario era adelantado por una moto. Lo que no esperaba, es que esa moto, a su vez, y de repente, fuera adelantada por otra moto, lo que hacía que esta última se pusiera exactamente en mi línea a escasos 5 metros.
Una divinidad, un sexto sentido, o llamémoslo x, hacia que de manera casi inexplicable pudiera hacer una maniobra imposible para evitar el choque frontal. Ni siquiera perdí el conrol de la moto, no me caí y no la golpee con nada, solo miré hacia atrás después del milagro esperando que el Kamikaze hiciera lo mismo para disculparse o algo parecido pero parecía tener mucha prisa y no dió muestras de arrepentimiento ninguno siguiendo su camino temerario bajo la fuerte lluvia que seguía inundando todo.
No paraba de llover y ante aque acontecimiento ocurrido empecé a preocuparme seriamente pero pensé que parar sería peor así que seguí adelante con la máxima concentración que pude.
El camino se hacia cada vez más exigente y se me hizo duro porque me encontraba cansado pero finalmente llegué a la carretera principal, una especie de autovía con dos carriles donde ir por la izquierda, casi por el arcén, me daba la tranquilidad y me hacía relajar la tensión acumulada.
Sólo era cuestión de tiempo llegar a yogiyakarta, devolver la moto y celebrar con una buena cerveza Bintang que seguimos adelante.